Belgrano: más alto, más lejos
Tras el gran triunfo ante Estudiantes, que coronó una magnífica campaña, el plantel de Belgrano celebró. ¿Habrá nuevos objetivos en 2013?
Debieron pasar 12 años para que un equipo cordobés hiciera una muy buena campaña en Primera División. Aquella vez, el Talleres de Juan José López, conducido dentro de la cancha por Diego Garay, se colocaba en las antípodas del derrumbe institucional que poco tiempo después llevaría a la entidad albiazul a la quiebra.
Era lógico. El club de barrio Jardín encarnó la costumbre que imperó entre los argentinos en la época del 1 a 1, del “deme dos”, de la irresponsabilidad y el dispendio en el manejo del dinero. Aquella vez, en la que los contratos se pagaban con departamentos y estos, con derechos de televisación, la continuidad de aquel equipo atractivo duró lo que dura la oferta de un club en bancarrota a la hora de rematar sus posesiones.
Belgrano acaba de igualar esa gran campaña. Recordar que a J.J. se lo tildaba de conservador por poner un esquema con cuatro mediocampistas y sólo dos delanteros es un detalle tanto como el de citar las esfumadas controversias que en un principio promovió la cautela de Ricardo Zielinski a la hora de parar a Belgrano en la cancha.
La alusión a aquel buen momento de Talleres no es caprichosa. Refleja lo que muchas veces ha sucedido en el fútbol cordobés: buenos equipos, juego atractivo, resultados positivos y breve existencia.
Belgrano tiene los elementos para poner patas para arriba a la historia. Desde hace unos meses funciona de nuevo como club: tiene un presidente y una comisión directiva; tiene socios, tiene 100 empleados, un cuerpo técnico aceptado y querido y un plantel valorado. Belgrano no tiene deudas importantes, paga en término y su credibilidad traspasó fronteras.
Sin embargo, en Alberdi se apresuran a destacar que en estos tiempos lo importante es vivir el momento con alegría, en respuesta a tantos años de austeridad de festejos y también al planteo sobre las consecuencias de esta primavera que ya lleva dos años de duración y que por los motivos explicados puede tener continuidad y superación.
¿Es extemporáneo plantear metas más ambiciosas para Belgrano? ¿Se debe seguir pensando en los 25 puntos que Zielinski propuso en la experiencia inicial en Primera División? ¿No tiene a mano la Copa Sudamericana 2013 si repite esta muy buena campaña? ¿No es saludable formularse objetivos más difíciles pero a la vez muchos más atractivos?
Se entiende que en el fútbol las sensaciones y hasta las sentencias tienen vuelo efímero; que lo que es bueno hoy es de dudosa calidad mañana; que el entrenador o jugador de turno es rubio y de ojos celestes en racha positiva pero que lucirá una inmediata degradación monstruosa tras dos derrotas al hilo. Con eso deberá luchar Belgrano; es inherente a las malas costumbres del negocio del fútbol, pero contraproducente para el manejo responsable de una estructura que necesita de tiempo, trabajo, paciencia y muchos otros valores más.
Pero no es desmesurado exponer la interesante oferta de jugar una copa internacional o de seguir entreverado con los mejores en las ligas mayores. Es propio de las genuinas metas que individual o en grupo se impone el ser humano. El colectivo de Belgrano, revuelto en simpleza, sacrificio, orden y seriedad tiene en esos buenos argumentos la dosis para enfrentar los constantes devaneos de una actividad que exige resultados rápidos y sobre todo, buenos.

