Belgrano, entre la prudencia o el desenfreno
¿Romperá "el chanchito" Armando Pérez y gastará buena pasta para traer los refuerzos que hacen falta? El Pirata necesita un ascenso.
¿Tendrá tiempo Armando Pérez de ver a Belgrano campeón? Como presidente de Córdoba Celeste podría seguir en el cargo hasta mediados de 2011 o hasta por tres años más, según lo disponga el juez que entiende en la quiebra, Saúl Silvestre.
Desde que asumió su función, Pérez debió reconstruir un club desbastado. Sus cuatro años y chirolas de gestión los utilizó para hacerlo nuevamente creíble. Belgrano es hoy una entidad respetada. Tiene un predio deportivo hermoso, una parva de chicos formándose y una organización interna en la que trabajan muchas personas.
Desde hace muchos años, Belgrano no es noticia por paros de jugadores, inhibiciones, embargos o apriete de hinchas. La reconstrucción tomó el recorrido más difícil, o al menos, el que promueve el menor reconocimiento: cavó la tierra, levantó los cimientos y volvió a darle forma a una estructura tan inmensa en lo popular como en lo pasional.
Todavía le falta pintar su destino con un ascenso.
Hay que reconocerle a Pérez que no se tentó por el dulce encanto de una vuelta olímpica. De hecho la disfrutó ante Olimpo, en Bahía Blanca, y la tuvo que deshacer un año después.
Córdoba Celeste no tiró en ningún momento la billetera sobre la mesa. No hizo grandes compras; no apostó desmesuradamente por enriquecer su plantel. Le dio un tono medido a sus inversiones. Tal vez, haya contribuido a instalar, aunque precaria y momentáneamente, la cultura de la prudencia en el desbocado y nunca controlado fútbol argentino.
Pero como ya se dijo, el fútbol acumula en Argentina muchos más octanos de pasión y de ambición que en cualquier otro lugar del planeta. Y esa aspiración por ascender a los más altos niveles de competencia no se reduce como en otros países a dos o tres instituciones poderosas. Es mucho más complicado para Wigan salir campeón en Inglaterra que a Banfield, Lanús o Argentinos Juniors haberse consagrado en estas tierras; sería milagrosa una vuelta olímpica del Espanyol siendo el hermano pobre del gran Barcelona.
En este contexto, Pérez ha tenido que lidiar con el mesurado reclamo de una asistencia que en contadas veces ha perdido la compostura. El mismo Pérez ha reconocido que su objetivo central, en este período de estabilización y de reorganización, pasó por lo institucional en desmedro de lo deportivo.
Según sus propios cálculos, le quedan cinco meses de vigencia como presidente de Córdoba Celeste. O, tal vez, tres años más, si la Justicia así lo decide. En cualquier caso, aun la más que silenciosa insinuación podría tener la dimensión de una voz potente.
Algo más, algo menos, pero se acaban los tiempos. ¿Romperá Pérez el chanchito y apostará fuerte por el ascenso? ¿Lo hará ahora o esperará la prolongación de la concesión por un tiempo más? ¿Se meterá en la sangre del hincha o seguirá maniobrando con la frialdad de un cirujano?
Alguna vez una comisión directiva gastó mucho más de lo que podía gastar para conseguir un título. Tras el fervor, un par de años después, llegó la quiebra. Ese es un buen ejemplo de lo que no se debe hacer en materia futbolística. Pérez lo sabe. Y también sabe que a los hinchas de Belgrano ya les resulta un poquito pesado verlos a Verón o a Riquelme por televisión y no en el Gigante de Alberdi o el Mario Kempes. A diferencia que en España, Inglaterra o Italia, aquí, en Argentina, hasta el club más chiquito quiere salir campeón.

