Belgrano: buscar una vuelta de tuerca
¿Falta de refuerzos? ¿Renovar la propuesta en la cancha? Son preguntas que suenan prematuras a esta altura. Sin embargo, por esa misma falta de renovación de jugadores, suena razonable esperar una vuelta de tuerca.
El festejo efusivo de River Plate sacaba el cuchillo de su propio cuerpo. Ya basta, parecían decir sus hinchas luego de aquel 26-J perturbador y estigmatizante. El recuerdo millonario de aquella fecha pasaba a ser sólo eso, un feo recuerdo, una mancha borrada por la siempre deseada venganza deportiva.
En Núñez y en todo el país esperaban ese momento. El fútbol, siempre efímero, le daba ese breve espacio para enterrar tanta pena. Sus hinchas se apropiaban de la amplísima generosidad de este deporte para volver a ponerse de pie y dejar aquel River Plate enclenque en el lado más triste de su historia.
Hay un mérito en Ramón por sobre otros. No le cambió la cara a su equipo tanto como el alma. Rejuvenecido en su espíritu, con los extremos de sus labios siempre apuntando hacia arriba, el riojano extiende su aura al haber vuelto a su lugar en el mundo, al único espacio en el que no tiene que mirar hacia el horizonte para remover añoranzas.
El primer chasquido de dedos de Germán Delfino puso en evidencia ese nuevo estado de ánimo. River penó un poco con una línea de tres defensores que fue escasa en número, orden y capacidad aun para la pobre expresión ofensiva celeste. Pero eso pareció no importarle. Se plantó sin miedos y controló el balón, lo tuvo más que su rival y lo dejó casi siempre manso en el área de Olave por sus propias impericias. Hasta que el bombazo de Vangioni y la escapada de Luna fogonearon la inercia de una transformación que parece no tener regreso.
Lo que ocurrió con Belgrano se inscribe dentro de su previsible manera de jugar. A su habitual orden táctico en el medio, que obstruyó cada iniciativa adversaria en el primer tiempo, le faltó el complemento de la creatividad para jerarquizar el juego desde ese sector hacia Barovero. Casi en todo momento se los vio más sueltos en el toque a Ponzio, a Ledesma y a Vangioni que a quienes los marcaban. Belgrano nunca se apropió de la pelota, nunca descansó por poseerla y manejarla con seguridad y ya cuando el destino del partido lucía marcado forzó escaramuzas en el área que terminaron sólo en eso.
Esa falta de decisión (y más después de la expulsión de Ponzio) es lo más achacable a la formación de Zielinski. Se dejó llevar con mansedumbre por un trámite que de pronto lo favoreció y le dio la chance de asumirse como el mayor protagonista, y reflotó un par de penas por parecer demasiado atenido a una forma de juego, aunque el DT haya probado otra de emergencia con los ingresos de Melano y Márquez.
¿Falta de refuerzos? ¿Renovar la propuesta en la cancha? Son preguntas que suenan prematuras a esta altura. Sin embargo, por esa misma falta de renovación de jugadores, suena razonable esperar una vuelta de tuerca en el rendimiento del plantel para mejorar todo lo anterior. Zielinski, que ya dio su opinión al respecto; ahora tiene el desafío de sacarle el jugo al potencial del mismo grupo que dirigió el segundo semestre del año pasado. No es poco ni fácil para una comunidad que aún saborea el dulce de unas recientes muy buenas campañas.

