Avanzar con cuidado
Alegría para todos. El fútbol de hoy es más generoso con los pobres; o los que antes eran pobres. Y menos generoso con los ricos; o los que antes eran ricos. Un par de décadas atrás, toda la plata, la gloria y el festejo quedaban para unos pocos que nada repartían. Eran Boca o River, o sino, en forma más espaciada, Independiente, San Lorenzo y Racing. Y la bolilla no caía más allá de esos números…Ahora no. De a poco el panorama ha ido cambiando. Una mezcla de circunstancias volvieron al fútbol un poco más equitativo. La mala administración ha sido un flagelo para los grandes clubes. Racing de Avellaneda, San Lorenzo, Rosario Central lo pagaron; River lo está pagando; Independiente, lentamente, parece ir siguiendo el trazo de la agonía. La contracara: Atlético de Rafaela, recién ascendido, está segundo; San Martín de San Juan le hizo fuerza a Boca Juniors; Belgrano se despeinó muy poquito para ganarle a Independiente.
Entre la biblia y el calefón se yerguen hoy el perfil ya consolidado de Vélez Sársfield, definitivamente otro grande, y la no tan nueva demostración de eficacia de Lanús. Son satélites descubiertos no hace mucho. El universo del fútbol está cambiando. Es demasiado evidente: un equipo no nace de un entrenador o de un jugador exitoso; se genera en la prosperidad de una idea de club deportiva y socialmente responsable.
Y por eso vale repetirlo: tras una década, la del ‘90, desde todo punto de vista olvidable, el nuevo siglo ofreció aquí la sabiduría para cambiar después de tantos errores. Y de esto, todos los clubes de Córdoba parecen haber aprendido, aunque todavía quedan resabios de aquella triste época.
Fue bueno lo de Belgrano. Ganó con autoridad. Pereyra es un mosquito. Molesta, molesta, hasta que pica. Al “Mudo” ya se lo empieza a extrañar. El ADN uruguayo se mantiene intacto en la sangre caliente de Ribair y de Lembo. Y qué hermoso es el gesto técnico de Mansanelli cada vez que le pega con la derecha…
Lo de Racing de Nueva Italia tiene el valor del esfuerzo doble. Todo le cuesta más. Sin la masividad de Instituto, Talleres y Belgrano, busca sacar agua hasta de las piedras. Contrató a Gustavo Coleoni. "El Sapito" barajó y dio de nuevo, presumiendo de conocer lo que es desconocido para todos. Siete puntos en tres partidos. Escolta con un juego menos. El comienzo es bueno, pero como ya se ha dicho, tiene que cruzar el desierto.Hasta aquí, cosas buenas. Instituto aporta lo suyo. Bastante seguido, parece demostrar que quiere ser más club. Recibe elogios, concreta proyectos, edifica sueños. Pero no se puede sacar el estigma de la violencia. Sería un gesto que enaltecería a sus dirigentes si pidieran ayuda antes de que se produjera una muerte en su cancha.
A ellos les pasa lo mismo que a todos los dirigentes de este país. No pueden, o no saben, o no quieren desligarse del mayor flagelo que ha tenido y tiene el fútbol argentino: la violencia de unos pocos que a las trompadas o de otras maneras cruentas tienen algo que decir dentro de una institución. Lo más triste es que por 50 muchachos muchos más podrían dejar de ir a la cancha. Sería como volver a empezar.

