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Almorzar en Ramadán

En Turquía, el ayuno diurno del mes sagrado musulmán hace que conseguir un restaurante sea una tarea titánica.

28 de agosto de 2010 a las 09:04 a. m.
Almorzar en Ramadán

Ocurre casi siempre. El taxista suele ser el primer referente de cualquier extranjero en una ciudad desconocida. Özer Caliskan tiene sonrisa generosa, como casi todos los habitantes de esta Kayseri que tiene la magia de poder transportar a sus visitantes en un paseo que desafía el tiempo y donde el contraste sorprende de una cuadra a la otra. En pocos metros convive la Turquía milenaria, fantástica, alucinante, con la otra de costado más occidental y moderno.

Özer, a diferencia de la gran mayoría de sus connacionales, no participa del ayuno diurno del mes sagrado del Ramadán ("soy socialista más que musulmán", nos cuenta), pero tampoco sabe indicar un sitio abierto para comer.

Es que, por estos días, encontrar un restaurante dispuesto a atender "el hambre de los infieles" es una tarea titánica. Después de sugerir un hotel internacional con precios prohibitivos, el improvisado guía se despidió preguntando sobre nuestra nacionalidad. "Oh, argentino, yo admiro a uno", exclamó, mientras esperábamos la consabida asociación con Lionel Messi, Diego Maradona o, por qué no, Emanuel Ginóbili. Pero no. "Es la patria del Che Guevara", soltó con indisimulable admiración.

Al final, conseguir nuestro primer almuerzo en Turquía nos llevó a transitar un viaje de siglos. Tras un par de indicaciones, el recorrido nos obligó a atravesar un mercado enclavado en un inmueble del siglo 19 donde averiguar el precio de dátiles, especias o una alfombra puede llevar 10 minutos de regateo (invitación de té de manzana incluido), cruzar una amplia avenida cortada por un moderno metro y asistir a un inesperado y tradicional funeral comunitario en pleno centro de la ciudad, mezclándonos con unas 500 personas que alzaban por la peatonal cinco féretros de precaria madera.

La recompensa: una pizzería de medio pelo que, a cambio de 22 liras turcas (unos 60 pesos), fue el manjar para tres argentinos que, al menos por esta vez, se quedaron con ganas de paladear algún plato turco. La revancha será en la cena, si Alah lo permite.