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A auto rayado, rostro cortado

21 de octubre de 2010 a las 09:33 a. m.
A auto rayado, rostro cortado

El fin de semana futbolero dejó mucha tela para cortar, pero sobre todo un hecho inédito: cansados de la hostilidad de sus simpatizantes, los jugadores de Racing les dieron la espalda y no lo saludaron al retirarse de la cancha después de ganarle a Argentinos Juniors, desplante que ofendió profundamente a una hinchada que se caracteriza por su educación, su corrección y su urbanidad, y que lógicamente es incapaz de tolerar semejante muestra de descortesía."La intolerancia es uno de los peores ejemplos que le podemos dar a la sociedad y a las generaciones futuras. No puede ser que porque les rayemos los autos, los amenacemos con estrangularlos lentamente y les insultemos sus entornos familiares, los jugadores reaccionen cortándonos el rostro", dijo visiblemente ofendido José Apriete, integrante de una de las barras académicas.

“No se puede perder un clásico con Independiente, como tampoco se puede perder la educación. No me esperaba esto y me afectó muchísimo. Creo que necesito apoyo psicológico para superarlo”, agregó otro barra todavía sacudido por el gesto de su equipo, mientras pateaba el ómnibus de la delegación.

El tema de discusión está instalado y los hinchas debaten cuál será la respuesta a los jugadores en el clásico con River Plate. Hay pocos antecedentes de situaciones similares por lo que es difícil predecir qué comportamiento tendrán. Sin embargo los memoriosos recuerdan un plantel del recordado Atlético Espartaco (también conocido como El Gladiador, hoy desaparecido), que estaba compuesta por jugadores extremadamente introvertidos.

Debido a este carácter retraído y huidizo, estos jugadores espartacianos eran incapaces de cualquier tipo de exteriorización en el campo de juego, lo que generó primero el desencanto, luego la ira y finalmente el rechazo de sus parciales, a pesar de que fue una formación tan exitosa que llegó a arañar el ascenso a primera división en el ‘52.

La inexpresividad del equipo era insoportable, pero si algo sacaba de sus cabales a los hinchas era que sus jugadores no festejaban los goles. "Cuando hacían uno no sólo no lo gritaban sino que ni se abrazaban entre ellos. Volvían al trotecito como si la pelota hubiera pasado a cuatro metros del travesaño. Teníamos que mirar al árbitro para saber que había pasado", recuerda Don Carmelo, uno de los pocos hinchas sobrevivientes del Gladiador.

Si no se saludaban entre sí, mucho menos saludaban a la tribuna. “Literalmente no existíamos para ellos. Veíamos con envidia como los rivales se trepaban a los alambrados y se sacaban las camisetas y se las tiraban a la hinchada cuando nos hacían un gol, mientras los nuestros ni siquiera levantaban los brazos. A veces los jugadores contrarios nos dedicaban los goles bajándose los pantalones y mostrándonos las nalgas, y nosotros no lo tomábamos a mal porque al menos ellos nos tenían en cuenta”, rememora Don Carmelo, quien también recuerda que uno de los cánticos más escuchados de la tribuna hacia su equipo era “festejen algo la p... que los p...”. “No era un insulto, sino un ruego en forma de himno”, agrega.

Finalmente, cansados de tanta cortedad de genio del plantel, los hinchas del Gladiador dejaron de alentar y en forma de protesta comenzaron a realizar sesiones de lecturas comentadas de autores clásicos en la tribuna, mientras su equipo jugaba.

Podría decirse que ése fue el principio del fin del Atlético Espartaco como club de fútbol, ya que sus hinchas desarrollaron tal pasión por la literatura que paulatinamente se fueron alejando del fútbol y la entidad se recicló como biblioteca popular.

Más allá de este antecedente (que revela la peligrosidad de la disociación entre jugadores e hinchas), el tema de la “descortesía” de los jugadores de Racing fue tema de debate en el fútbol argentino. Los defensores de la postura de que hay que “estar bien con la gente”, aún cuando te insulten, te amenacen por no haber ganado un clásico o te rayen el auto, sostienen el enunciado bíblico que dice “Si te rayan la puerta derecha, pon la puerta izquierda”. La discusión está servida.