Michael Phelps, de carne y hueso
El estadounidense disputará sus últimos Juegos Olímpicos. Se inició en Sydney (recibió diploma) y siguió en Atenas y Beijing, donde sumó 16 medallas. Con otras tres, será el más exitoso de la historia.
"Bala de Baltimore", "Niño Prodigio" o "Tiburón de Baltimore" son algunos de los apodos con los que se conoce al estadounidense Michael Phelps. Es, nada menos, que una superestrella de la natación mundial.
Un superhéroe que en Londres 2012 puede convertirse en el deportista con más medallas en la historia de los Juegos Olímpicos modernos, cuya primera edición se realizó en Grecia, en el año 1986.
Serán los últimos Juegos para este extraordinario nadador que debutó en Sidney 2000 (recibió diploma por participar) y que en Beijing 2008 consiguió ocho medallas de oro, que se sumaron a las ocho que había conseguido en Atenas 2004 (seis de oro y dos de bronce).
En cantidad de preses olímpicas, Phelps sólo es superado por la gimnasta soviética Larissa Latynina, quien consiguió un total de 18 en su carrera: nueve de oro, cinco de plata y cuatro de bronce, obtenidas entre los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, Roma 1960 y Tokio 1964. Tres medallas le faltan al "Tiburón de Baltimore" para ser el hombre con más conquistas en los Juegos.
Tres, tan sólo tres. Para cualquier otro deportista, tres preseas suenan a irrealizable. Para Phelps, todo parece al alcance de sus brazadas, de su preparación, de su concentración para llegar al objetivo.
En Londres participará de siete pruebas: 200 y 400 combinados, 100 y 200 mariposa y los relevos 4x100m y 4x200m libres y 4x100m combinados. Un detalle, en estas siete pruebas fue oro en Beijing.
También lo fue en 200 libres, desafío del que no participará en tierras londinenses. "He podido ir a maravillosas ciudades en mis viajes y no he podido verlas. Veo el hotel y el jardín, eso es todo. Después de estos Juegos, voy a ir y hacer lo que quiera hacer", dijo Phelps a principios de mayo de este año, haciendo público lo que nadie quería escuchar (salvo sus rivales): retirarse de las grandes competencias.
Sólo se reservará para algunas competencias, atadas a contratos comerciales, las que lo llevaron a convertirse en un deportista, además de exitoso, millonario.
Phelps cumplió 27 años el pasado 30 de junio y entre que descubrió su capacidad para nadar y este presente glorioso, pasaron 16 años. Fue a los 11, siendo un niño de escuela preparatoria, cuando conoció al técnico Bow Bowman, quien pronto descubrió cualidades innatas para la natación. Con él se empezó a entrenar y sigue haciéndolo en el North Baltimore Aquatic Club, donde además su madre trabaja en la secretaría administrativa desde el año 1999, cuando abandonó la docencia.
Con el tiempo, Bowman se convirtió casi en un padre sustituto, ya que con el natural mantiene una relación distante. Phelps es tan humano como cualquiera. Mide 1,95 y pesa 88 kilos, sus brazos abiertos tienen una envergadura de 2,04 metros y calza un 46, por lo que también podrían llamarlo "el Patón". Es tan humano, que en Beijing 2008 desistió de alojarse en un hotel cinco estrellas y optó por quedarse en la Villa Olímpica, la misma que alberga a deportistas amateurs de todo el planeta.
Sergio Hernández, entrenador de la selección argentina de básquetbol China supo confesarle al enviado especial de La Voz del Interior en China que estaba sorprendido de Phelps.
"Yo creía que un deportista así no vivía en la Villa. Pero sí, estuvo en la Villa todo este tiempo. Lo que pasa, me contaron algunos entrenadores, es que termina su carrera, lo van a buscar, lo traen, le llevan la comida a su habitación y se acuesta a dormir porque él sabe que no puede hacer ni siquiera el desgaste de ir caminando al comedor, que es un punto de encuentro de los deportistas". Hernández, hablaba de Phelps, tan humano como cualquiera y tan distinto como pocos.

