Y fue el Talleres de Kudelka
Soportó la presión. El entrenador impuso una forma de jugar buscando siempre el otro arco.
Frank Darío Kudelka lo tenía claro. "El Mundo Talleres desafía mi forma de ser", dijo apenas llegó a un lugar que le iba a exigir el resultado más que el método. Sea cuál fuere. El DT aceptó el desafío aunque lo hizo pensando en dejarles algo a los hinchas, dejando claro que un plan de juego es una forma de vivir y que en el arco rival está el futuro. "Sería más fácil plantear un 4-4-1-1. Pero eso no condice con el paladar del club ni con sus formas", anticipaba. Andrés Fassi, el presidente de Talleres, lo fue a buscar con la pretensión de que la forma determinara el éxito. Era prioritario que el primer equipo ascendiera, pero que la gente se identificara con un estilo de juego. Kudelka tenía un plan de ser protagonista en todas las canchas y un sistema de juego afín a los equipos que pretende Fassi. Y la directiva albiazul decidió darle con todos los gustos al entrenador: la conformación de un plantel que se fue de pretemporada a Santa Fe y luego a México, buenas remuneraciones para los jugadores, además de concentraciones en hoteles de primer nivel.
"Vamos a ser un equipo de ataque y expuesto. La idiosincrasia de este equipo es atacar", fue la táctica de Kudelka, quien entendió así la obligación de ser protagonista. En ese camino, utilizó dos sistemas preponderantes: 4-2-3-1 y 4-2-1-3.
La estrategia fue la que quizá más variantes experimentó. La falta de profundidad por las bandas hizo que los laterales comenzaran a proyectarse cada vez más. Y eso terminó de acrecentar un desequilibrio a la hora de marcar. Talleres fue al ataque con cinco o seis hombres que llegaban cerca del área, como pretendía el DT. Pero a la hora de recuperar la pelota se encontró con Rodrigo Burgos teniendo que controlar una cancha de 30 metros, y con una zaga igualmente exigida.
El equipo vivió bastante entre dos mundos: iba de ese deber ser a jugar a lo que podía o a lo que le salía. Lograba llevarse por delante al rival por un rato, pero le costaba razonar un partido para ganarlo y no terminar sufriendo.
Como quedó dicho, a veces ni la ventaja lo marginó del hecho de seguir exponiéndose a un ida y vuelta quijotesco que revitalizaba a rivales discretos. Siempre haría lo bueno y lo malo de un partido ya que a excepción de Defensores de Belgrano y Juventud Unida de San Luis, en un partido, nadie más decidió atacarlo en serio.
“Los equipos mayoritariamente dicen: ‘Tomá Talleres. El problema es tuyo. Si ganamos o empatamos, bárbaro. Si perdemos, era un partido que podíamos perder’. La presión te la tiran siempre. Tenemos que estar a la altura de la circunstancia y ser superadores de ella. Pero no debemos dejar de tener en cuenta que el Mundo Talleres está regido, hoy por hoy, por muchos años de frustración, de escepticismo, de mucha ansiedad, pero con una pasión inconmensurable que no se ve en todos lados. Y que ojalá sepamos hacerla producir”, fue otro de los pensamientos que supo bajar Kudelka. Su Talleres terminó haciendo una campaña histórica y la presión, al fin, pudo ser administrada por el equipo y su hacedor.

