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Violencia en el fútbol infantil: Cómo es jugar de visitante y que no pueda ir tu papá

En Córdoba, hubo partidos de inferiores de la Liga Cordobesa de Fútbol en los que sólo pudieron ingresar padres del equipo local. Los dirigentes analizan encuentros a puertas cerradas entre clubes con gran rivalidad.

04 de julio de 2017 a las 11:42 a. m.
Agustín Caretó y Juan Carlos Carranza
Violencia en el fútbol infantil: Cómo es jugar de visitante y que no pueda ir tu papá
Foto: José Hernández.

“¡Era para el otro lado hdp!”; “¡choro, cuánto te pagaron!”; “¡siempre nos querés cagar c...!”; “¡pisalo!”; “¡comele los talones!”; “¡tirate que faltan cinco!”; “¡muertoooos!”; “¡daleee pongan huevoooo, muertos!”; “¡cagones, no nos ganan más!”.

Repetidas expresiones escuchadas todo el tiempo en las tribunas de las canchas del fútbol profesional. Sí, pero es una verdad a medias. Desafortunadamente, todo esto también sale de boca de padres y madres del fútbol infantil.

Quienes conducen las diferentes ligas del fútbol de los chicos han tomado algunas medidas, pero no terminan de encontrarle la vuelta al problema. Incluso, ya están pensando en jugar ciertos partidos a puertas cerradas. Pero hubo casos en que se impidió el ingreso de público (lease, padres y madres) visitante. Insólito.

Desde hace años, los árbitros de la Liga Intercolegial de Fútbol Infantil (Lifi) y de las divisiones inferiores de la Liga Cordobesa de Fútbol tienen por norma no continuar un partido hasta que no se retiren los padres exaltados. Y el fenómeno no es sólo con los papás, también hay mamás que deben abandonar el predio donde está jugando su hijo.

En el caso de la Liga Cordobesa de Fútbol (LCF), se aplican sanciones a los clubes; en la Lifi intervienen las escuelas. Una tradicional escuela religiosa de la ciudad de Córdoba durante algunos años decidió no participar con sus equipos en la Lifi debido a la (in)conducta de los padres.

En el interior, la situación se repite y, al igual que en Capital, las ligas han adoptado algunas medidas, como charlas con padres, confección de banderas y banderines para inculcar buenas normas, generación de espacios de convivencia después de los partidos.

Todos paliativos para erradicar a los barra-papás y a la violencia de un fútbol pensado para formar a los chicos mientras estos se divierten pateando una pelota.

Medidas extremas

Las divisiones inferiores de la LCF atraviesan una situación más delicada si se compara con lo que ocurre en los intercolegiales.

Por eso, el presidente Emeterio Farías tomó hace un tiempo algunas medidas para evitar situaciones conflictivas con los padres, y asegura que en este momento el tema está mejor que antes.

La situación llegó a ponerse tan tensa que algunos partidos en la ciudad de Córdoba no pudieron jugarse con padres de ambos elencos. De no creer, pero pasó.

“Hemos formado una comisión especial con muchos dirigentes para tratar esta problemática. Queremos hacer un protocolo para divisiones inferiores”, explicó Farías.

"Lo que se hace es sancionar al club que tiene problemas y se lo hace jugar a puertas cerradas. Eso no le gusta a nadie", agregó el directivo, dejando entrever que partidos entre niños podrían jugarse sin sus padres si se reiteran los problemas fuera de la cancha.

“Si hay un padre insultando, como suele pasar, el referí para el juego y lo hace retirar para poder seguir. Los árbitros tienen esa orden”, le dijo el presidente de la LCF a este diario.

Sobre las medidas que se podrían tomar a futuro, señaló: “Vamos a ver cuál es el resultado total de este protocolo y en función de eso veremos qué otras determinaciones tomar”.

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Ánimos alterados

La Lifi ha cobijado a miles de niños en sus 33 años de historia. Del mismo modo que han pasado grandes jugadores, también transitaron padres y madres que alteraron los ánimos de los pequeños futbolistas.

“Estamos haciendo un trabajo desde hace casi una década para tratar de erradicar a los padres fanáticos. Las sanciones que ponemos no son para prohibirles a los padres que vayan a ver a los hijos, sino más bien como un llamado de atención a los colegios a través de notas. Gracias a Dios encontramos eco en todas las escuelas en esas acciones, y se los habla a los padres para que recapaciten y entiendan que esto es formativo”, explicó Ignacio Porfirio, presidente de la Lifi.

“No son sólo los papás, las mamás también se sacan. Y es más violento poder contrarrestar la acción de la madre por una cuestión de género. Ante esas acciones, lo hemos planteado de manera muy clara ante los árbitros: ellos deben ir y avisarles a los delegados la situación para retirar al papá o a la mamá desubicados. Hasta que eso no ocurre, el partido no se reanuda”, agregó.

En muchos casos, sucede que los mismos papás de la categoría reaccionan tratando de calmar al más exaltado. “Ellos mismos entienden la situación y en algún punto también colaboran. Pero soy de los que piensan que los padres son un mal necesario en el fútbol infantil. Sin ellos, los chicos no estarían y la estructura deportiva en varios colegios no existiría”, continuó.

Aunque reconoce que hay aspectos por mejorar, Porfirio dijo que en la Lifi nunca se debió jugar un partido a puertas cerradas o sin padres de un colegio: “Llegar a ese punto sería tocar fondo. Por suerte nunca tuvimos que pasar por una situación así”.

Las ligas del interior

Los tristes episodios en los cuales padres y madres presionan a los árbitros o a sus propios hijos en los partidos de fútbol infantil también ocurren en el interior.

Las situaciones se repiten en la mayoría de las ligas de Córdoba, donde sus organizadores trabajan para buscar soluciones. “Esto ya no sorprende, pasa aquí y en todos lados. En realidad lo que sorprende es que no se inviertan recursos para que esto no sea habitual. No se necesita dinero para educar a un niño; sólo herramientas, acciones, estrategias y personas responsables y adecuadas. Quisimos y aún queremos cambiar todo esto”, argumentó Luis Quinteros, presidente del fútbol infantil en la Liga Bellvillense.

Al ser consultado sobre qué acciones están llevando a cabo para mejorar la situación, explicó: “Algunos clubes hicieron charlas con padres, otros agregaron una hora semanal para que alguien capacitado les diera charlas de motivación, valores y ejemplos.

Además, en todas las canchas se pusieron carteles y banderines que intentaban influir en la buena conducta del espectador y en la libertad de otorgarles elementos a los niños para que se diviertan antes de pensar en la competencia”.

Finalmente, Quinteros reconoció que todavía no lograron solucionar el problema, pero remarcó que seguirán intentándolo: “Nuestro fútbol infantil está en reparación constante. Buscamos la manera de que nuestro torneo no pierda la inocencia de ser un semillero mundial. Como un árbol, nuestro fútbol necesita que se cuiden sus raíces, sólo así tendremos buenos frutos”.

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