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Una pequeña licencia para el chauvinismo: Córdoba, otra vez ejemplo nacional

El clásico Belgrano-Talleres se jugó sin incidentes. En Rosario, los hinchas de Newell's hicieron parar el partido dos veces. Y no había visitantes

25 de julio de 2016 a las 03:45 p. m.
Gustavo Aro
Una pequeña licencia para el chauvinismo: Córdoba, otra vez ejemplo nacional

A primera vista, los comentarios sobre la fiesta del superclásico que el sábado disputaron Belgrano y Talleres, suena a narcisista, a chauvinismo puro, algoque debería evitarse no sólo en el fútbol sino en todos los aspectos de la vida.

Creernos que somos los mejores suele ser una actitud soberbia que hace perder a una de las virtudes más importantes del ser humano: la humildad. Pero la realidad del fútbol argentino nos permite alguna licencia para hacer gala de un cierto patrotiotismo cordobés.

La "B" y la "T" jugaron un partido que lució más en las tribunas que en la cancha.

Las mejores vibraciones bajaron de las tribunas del Kempes con parcialidades de los dos equipos. Sí, esos sucedió en Argentina, donde rige la rídicula norma que le prohíbe asistir a los estadios a los visitantes en algunos torneos.

En situación normal uno no debería hablar de las hinchadas porque se supone que la estrella es el fútbol y no lo que pasa en las tribunas, pero en tiempos de violencia generalizada es menester contar que Belgrano y Talleres estuvieron frente a frente y no pasó nada, salvo un incidente con un grupo de hinchas albiazules que pretendieron ingresar sin entradas.

La salida de los equipos se vivió como un carnaval; los goles de Matías Suárez y Nicolás Giménez, también; y el final estuvo acorde a la fiesta: el ganador por penales se quedó festejando y el derrotado abandonó las tribunas cabizbajo, pero en paz.

No pasó lo mismo ayer en Rosario, donde jugaban Newell\'s y Central en el Coloso del Parque sin visitantes, una instancia de la Copa Santa Fe. La hinchada local, la única que estaba en la cancha, protagonizó dos incidentes durante el juego con peleas en una de las tribunas y luego recordando a un barra muerto en la puerta del estadio el pasado 7 de junio.

Las comparaciones son odiosas, pero a veces vale la pena realizarlas.