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Una modalidad vieja como la Fifa: cómo Argentina perdió ser sede del Mundial 70

29 de mayo de 2015 a las 04:02 p. m.
Una modalidad vieja como la Fifa: cómo Argentina perdió ser sede del Mundial 70

Es redonda, de cuero, caucho o plástico, sirve para jugar al fútbol y si se tira al piso rebota. Adivinar que se trata de una pelota es una cuestión sencilla, pero en el mundo del fútbol, a pesar del sinnúmero de evidencias, no resultó nada fácil "darse cuenta" de que en el seno de la Fifa sus negocios se manejaron con un alto grado de corrupción.

Y quien crea que el fenómeno comenzó durante la gestión de Blatter, se equivoca. Lo mismo que si cree que el "padre de la criatura" fue el brasileño Havelange. Los negociados de la Fifa nacieron prácticamente con los mundiales. 

Una mejicaneada. En 1964, el inglés Sir Stanley Rous, presidente de la Fifa inspeccionó las canchas de Belgrano, Talleres e Instituto en el marco de una gira que incluyó a Buenos Aires y Mar del Plata, para definir la asignación del Mundial '70, por la cual también pugnaba México.

Antes de regresar a su país, Rous explicó el procedimiento de la elección de la sede, incluyendo un "detalle" que los dirigentes argentinos parecieron no darle demasiada trascendencia. La sede se elegiría en Tokio, durante la disputa de los Juegos Olímpicos, previstos para octubre del mismo año. De la votación participarían las 129 asociaciones miembros de la Fifa, quienes elegirían, por simple mayoría, al ­organizador del Mundial de 1970. Rous, lanzó una recomendación que más que consejo era una velada apología de compra de voluntades: "No todas las naciones concurren a emitir sus votos, ya que el envío de un delegado acarrea muchas veces gastos elevados. Los países que aspiran a ser sede deben buscar dichos delegados para que concurran y emitan el voto a favor".

Argentina partió como favorita en el Congreso de Tokio, el 8 de octubre de 1964. Un delegado de la AFA, el escribano Galmés, se autoconvencía: "No podemos perder. Argentina es Argentina (en fútbol, se entiende) y, además, México ya tiene las Olimpíadas (de 1968)".

Galmés resumía perfectamente el pensamiento de la dirigencia nacional, que sentía que la cita de Japón era una simple formalidad, que todo ya estaba "cocinado". Sus pares mejicanos, en cambio, no ocultaban su nerviosismo y no cesaban de negociar, aun en el mismo recinto, con los representantes europeos y africanos, que al fin y al cabo eran los más numerosos.

La votación de los 95 representantes de federaciones de todo el mundo le dieron un baño de realidad a los enviados argentinos: 52 votos para México, 36 para Argentina y siete abstenciones.

El shock emocional de los argentinos fue tan duro en aquella reunión, que ni siquiera el firme compromiso de que en 1978 llegaría el tan ansiado turno sirvió de consuelo. El fracaso tapó cualquier otra lectura. 

El Mundial '70 se fue a México a cambio de unos cuantos pasajes de aviones y favores mínimos. El negocio grande ya estaba en marcha.

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