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Una Argentina inteligente y temeraria pudo torcer un inicio complicado

Empate. Cuando se encontraba con la pelota, la selección de Sabella trataba de darle un destino seguro, buscando una rápida salida hacia el campo contrario. Con un Messi “en cámara lenta” y un Palacio irresoluto, Di María fue la opción.

27 de marzo de 2013 a las 09:23 a. m.
Hugo Caric, enviado especial a La Paz
Una Argentina inteligente y temeraria pudo torcer un inicio complicado
Di María. El delantero sintió poco los efectos de la altura y rindió parejo durante todo el partido // Foto: AP

Fue extraño ver al seleccionado argentino esperando muy atrás y con cinco defensores. Tanto como lo fue observar a Lionel Messi parado en el campo contrario, mirando como Bolivia buscaba con más ganas que ideas, y esperando que alguna pelota le llegara a sus pies para tratar de estar a la altura de semejante expectativa popular. Fue una Argentina diferente la que pisó ayer el césped del estadio Hernando Siles, un equipo más emparentado con el pragmatismo que con la vistosidad.En todo caso, inteligente. Así fue. Y no estuvo mal. Al fin y al cabo, el partido se planteó tal como lo había imaginado Alejandro Sabella, y casi todas las respuestas ya habían sido encontradas de antemano.

Por momentos pareció demasiado temerario eso de regalarle la pelota y los espacios al rival, y recién empezar a tomar decisiones al borde del área propia. La dinámica y el empuje de los bolivianos –sobre todo la movilidad de Chumacero– complicaron al equipo albiceleste en la etapa inicial.

Hubo algunas dudas en el quinteto de fondo, pero afortunadamente Romero respondió con mucha solidez. Cuando se encontraba con la pelota, Argentina trataba de darle un destino seguro, buscando una rápida salida hacia el campo contrario. Pero arriba Messi jugaba “en cámara lenta” y Palacio no ganaba en el mano a mano. Por suerte, apareció “Fideo” Di María como una opción dinámica, pensante y veloz.

Aun así, siguió siendo Bolivia la ­que mostraba más empeño en ­llegar al arco rival. Y esa búsqueda le permitió llegar al gol con un centro de Chumacero que Moreno Martins convirtió de cabeza ante la pasividad de Campagnaro. Ahí pareció que el mundo se le vendría abajo al seleccionado albiceleste, hasta que Di María empezó a desafiar a la altura y a hacer valer su tranco imparable.

Se reacomodó el equipo a partir del gran trabajo de Mascherano y del despliegue de Banega, y cuando faltaba muy poco para el descanso Messi encontró un resquicio para habilitar a Clemente Rodríguez y luego ser testigo privilegiado de cómo Banega capitalizaba el centro pasado del lateral de Boca Juniors.

El gol le cayó del cielo a Argentina, ya que arrancar el segundo tiempo con la urgencia de buscar el empate le hubiera implicado un esfuerzo supremo, justo cuando empezarían a sentirse los efectos de la tan mentada altitud.

Apenas se reanudó el juego se repitió aquella escena de los primeros minutos, con Bolivia monopolizando el dominio del balón y Argentina refugiada en su territorio. Lentamen­te, como hizo todo ayer, la visita logró que se diluyera la presión boliviana, y trató de descansar la pelota en Di María y Messi. Algunos toques de “la Pulga” ilusionaron, pero estaba claro que había un partido aparte entre el capitán y los 3.600 metros de altura.

Galarza le tapó a Messi el tiro del final, y Bolivia se fue "al humo" en procura de su última chance. La defensa respondió sin lucimiento pero con eficacia, y fue empate. ¿Todos contentos? Para nada. El público boliviano se lamentó porque solamente fue 1-1. Acababa de escribirse uno de los capítulos decisivos de una historia que difícilmente tendrá un final feliz para ellos.

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