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Un viaje singular al Mundial

Volar de Córdoba a Sudáfrica puede ser toda una experiencia. El periplo de un jujeño que habla en quechua y la sospecha sobre la ex de Maradona.

11 de junio de 2010 a las 11:54 a. m.
Sergio Suppo (Enviado especial a Sudáfrica)
Un viaje singular al Mundial

Ricardo Echegaray cría y faena cerdos en Monterrico, a 30 kilómetros de San Salvador de Jujuy. En agosto se decidió y en diciembre cerró trato con una agencia de viajes que le congeló el precio: 8.300 dólares por el pasaje, los hoteles, las excursiones, las comidas, los traslados y las entradas para ver los primeros tres partidos del Mundial.

También realizó otra inversión. Hizo imprimir sobre una camiseta oficial de la selección la leyenda "un coya en Sudáfrica".

El jueves, dos horas después del mediodía, aterrizó en el Aeropuerto Internacional Tambo con el emblema puesto, una mochila tejida con hilos de varios colores y pocas preocupaciones.

"Si me hablan en inglés, les contesto en quechua. Yo nos los entenderé y ellos a mí tampoco", nos dijo sentado en el asiento 44I del Jumbo de Aerolíneas que cruzó el Atlántico en ocho horas y media.

Todo iba bien para Ricardo hasta que escuchó su nombre pronunciado con acento inglés de boca de uno de los 10 policías aeroportuarios.

Nos pidió permiso para levantarse y llegar al pasillo con la misma educación con la que nos había despertado a la madrugada para ir al baño.

El carneador de cerdos fue uno de los 56 pasajeros del vuelo de Aerolíneas que fueron bajados del avión mientras el resto de los viajeros esperaba una larga hora y media a bordo, sobre la pista, y mientras entraba por las dos puertas abiertas una fresca brisa sudafricana.

Al jujeño, como al resto de los investigados, le devolvieron su pasaporte y finalmente pudo recoger su equipaje y comenzar a cumplir su sueño de vivir el Mundial.

Había sido uno de los últimos en ser nombrado. Antes, entre el murmullo nervioso de sus compañeros de viaje, había sido bajada de antemano una parte de esa amplia mayoría de hombres maduros que llenaron el vuelo.

Antes que nombraran a Echegaray, los policías sudafricanos especializados en cazar hinchas violentos argentinos habían hecho mencionar por los parlantes un nombre que hizo estallar a la popular: Claudia Villafañe.

"Si la tiran a la Claudia al bombo, va a haber quilombo…", gritaron mucho más en broma que en serio una veintena de muchachos.

La ex mujer de Diego bajó del primer piso de la clase preferencial y se sometió al mismo control, mientras la esperaban su hija Gianina y el  primer y único nieto del DT de la selección e hijo de Sergio Agüero, uno de las armas que Argentina tiene en el banco de suplentes.

Con una veintena de medios y periodistas invitados por YPF a bordo –entre los que se encuentra este cronista– la noticia explotó tan rápido que obligó a funcionarios de la Embajada argentina en Pretoria a movilizarse para liberar a la ex de Maradona.

Hasta donde se supo, en ese avión no llegaban más violentos. No hacen falta más. Por la tarde, ya liberados de la llegada y de los trámites aeroportuarios, recogimos como quien junta folletos en una exposición las quejas de decenas de argentinos que se adelantaron a llegar.

"Son un peligro; te escuchan hablar o te ven con la camiseta y se te vienen  para apretarte. Son muchos y son pesados", nos dijo anoche en la Mandela Square –principal punto de concentración de hinchas en Johannesburgo– un muchacho de Buenos Aires que tiene la desgracia de ser parecido a un periodista famoso por sus rabietas televisivas.

De esa fiesta por anticipado que es la Mandela Square zafamos más temprano que tarde para guarecernos en un restaurante en el que Gabriel Batistuta casi pasa inadvertido por su perfil bajo, un grupo de mejicanos bailó y cantó y Bora Milutinovic reconoció haber hablado en las últimas horas con un ignoto columnista de este diario que firma bajo el seudónimo de "el Gurú".