Temas del día:

Un poco del corazón argentino

03 de julio de 2014 a las 08:24 a. m.
Un poco del corazón argentino

La calma de la noche le puso por fin sosiego a tanta emoción en carne viva; hasta el pulóver de la cábala, recostado sobre la silla de la pieza, parecía aliviarse de la adrenalina que lo había empapado. El día después, las cosas se sienten con otra intensidad, se convierten en recuerdos y los recuerdos sólo son noticias, titulares de lo vivido. Pero acaso baste con apretar los párpados para volver a sentir una dosis del gran estremecimiento del martes.

Mucho de lo sufrido tiene que ver con las condiciones con que habíamos llegado: contamos con el mejor jugador del mundo y con algunos de los más caros; también tenemos historia de triunfos.

Por eso, por nuestras justificadas expectativas, cada segundo que consumía la larga agonía sin gol no acercaba a la puerta de una situación insoportable de imaginar: tener que definir por penales el lance frente a los suizos ya era una versión del infierno.

El gol de Ángel Di María seguro quedará entre uno de los gritos más convulsivos que nos deparó el fútbol. Y acaso ese momento, ese jugador, sea un buen punto de partida para ensayar un repaso.

“Fideo” corrió, vaya si corrió. Pero era un torbellino impreciso al que parecía resultarle imposible sacar un centro: algunos terminamos por hartarnos de verlo estrellar la pelota contra el traste del marcador que salía a taparlo. Pero el gol cambió la impresión sobre el trabajo de Di María, y no es que se trate del viejo truco de mirar las cosas por el prisma del éxito, sino que puso de relieve todo el sentido del esfuerzo del rosarino.

Porque, veamos, nos pasamos casi dos años hablando de “los cuatro fantásticos”, de nuestra inmensa capacidad ofensiva, y resulta que del grupo sobre los que había que hacer girar el equipo, sólo había aparecido uno: Messi. En esas condiciones, lo planeado se cae y hay que barajar y dar de nuevo, cosa muy difícil en plena Copa. El martes se sumó Di María, al menos con voluntad de lucha para honrar el papel protagónico que le había sido dado. Y la carrera que sostuvo al cabo de 120 minutos para tomar el pase de “Lio”, fue la muestra premiada de su constante actitud.

Mascherano, abanderado

De alguna manera, y más allá de las flaquezas del juego, ese fue uno de los síntomas saludables: el coraje para hacer sentir el corazón argentino que tuvieron algunos, encabezados por quien precisamente debe enarbolar esa bandera: Javier Mascherano. Otro destacado, de nuevo, fue Marcos Rojo (la falta que le costó la doble amarilla fue su sacrificio por el equipo).

La selección hizo algunas cosas para merecer resolver el partido a su favor en el segundo tiempo, antes del alargue. Pero el juego y el plan tienen que mejorar. Hay algunos puntos débiles indisimulables: Higuaín y su larga ausencia; Gago, que se conforma con su medianía dominguera, y Fernández, que no sabe cómo hacer con los pies.

También hay que apuntalar la concentración: ¿cómo puede ser que a “los reyes de la picardía” nos tome por sorpresa un corner rápido de los suizos que pudo terminar en gol si no saca la bola Romero con los pies (después, el arquero se quedó mirando cómo un suizo le cabeceaba en el área chica y nos salvaba el palo).

De Messi ya se sabe pero vale la pena repetirlo: está jugando a la altura de los sueños. Por eso es que podemos seguir soñando.

Más de Deportes - Fútbol