Un fútbol con escuela
De la cancha a las aulas. Los principales clubes de la provincia exigen la formación escolar de sus jugadores de divisiones menores. “Es el primer paso para la salvación y refuncionalización del fútbol cordobés”, aseguran.
El cambio empezó a producirse de a poco. Primero fue Belgrano, luego Talleres e Instituto. La intención de los clubes fue la de incorporar a sus futbolistas jóvenes al ámbito escolar de una manera sistemática y responsable. "Tienen que ir a la escuela", fue el mensaje.
Esa valiosa decisión reconoce la imprescindible necesidad de formar a las personas de manera integral. La educación, entonces, debe ir paralela a la actividad deportiva, aun para aquellos que siendo pibes sólo piensen triunfar y forjar su futuro a partir del fútbol.
Belgrano fue la institución que inició ese proceso integrador. El mensaje involucra a todos. Los chicos del interior o de Capital que habitan en la pensión o los que viven con sus padres deben, sí o sí, ir al colegio. Los que residen en el albergue tienen más responsabilidades. A ellos se les exige tener buenas notas y no cometer faltas de disciplina, ya sea en el ámbito del club o en el mismo colegio. Si el alumno presenta una baja calificación no juega el fin de semana en el torneo de AFA. Ese es el castigo tan temido.
"El jugador debe entender que su desarrollo educativo es parte fundamental en la evolución y consolidación de su carrera como deportista profesional", dice el psicólogo Julián Finizola, coordinador del área psicosocial en Belgrano, sector que comparte con otra colega y con dos trabajadores sociales. Ellos se suman a cuatro médicos, un nutricionista y dos kinesiólogos, con los que se reúnen todas las semanas para evaluar la actividad y el comportamiento de los pibes.El gran cambio"Éste es el primer paso en el proceso de salvación y refuncionalización del fútbol de Córdoba", remarca Finizola. "La educación es el pilar fundamental en la vida de estos chicos", sostiene.
Belgrano, a poco de asumir Armando Pérez, generó un cambio importante en la relación de esa entidad deportiva con sus deportistas jóvenes. Buscó respaldo en los padres para que la escuela fuera el otro lugar de gran responsabilidad para sus hijos. Con su anuencia, al menos a quienes habitan su pensión, los envía a escuelas con las que se han firmado acuerdos para que estudien en sus aulas.
“Van al colegio San Jerónimo, al Instituto San Jerónimo con bachillerato para adultos y al instituto Monseñor De Andrea”, informa Sergio Magliano, coordinador de las divisiones inferiores de Belgrano.
El secundario monseñor De Andrea tiene la particularidad de recibir a jugadores de Belgrano, Instituto y Talleres. Y de tener como abanderado a un representante de Instituto. Se llama Maximiliano Arnoldi, tiene 17 años y juega en la quinta división que compite en los torneos de la AFA. Tanto Instituto como Talleres también recurren a otros establecimientos educativos para enviar a sus futbolistas.
Apoyo de padresHay un sector de padres comprometido y otros, no. Los pibes estimulados por su papás tienen una mejor respuesta. En general se dan en quienes tienen padres profesionales, industriales o comerciantes o que, al margen de la función laboral que desempeñen, cuentan con una cierta formación educativa.
De los 32 chicos de la pensión de Belgrano, 30 van al secundario y dos a la universidad. Estos últimos son Nicolás Ferreyra, que estudia Arquitectura, y Cristian Rolando, alumno de la licenciatura de Recursos Humanos. Ellos conforman la zaga central de la quinta división de AFA.
Instituto manda a 24 chicos de su pensión. A los repitentes y a los que habían dejado de asistir a clases el año pasado, se los emplazó para volver a las aulas. Talleres, en tanto, tiene 33 pibes en su residencia de avenida Ricchieri. Y a todos les exigió ir al colegio.
En Instituto los padres de pibes del interior han venido a Córdoba para elegirles la escuela a los chicos, del menú que les ofreció la institución.
Héctor Chazarreta, coordinador de las inferiores en Talleres, dice que se nota un mayor apoyo de los padres para estimular a sus hijos, pero que básicamente depende de la voluntad de los pibes su progreso escolar.
“Aquí, en la pensión, trabajan con los chicos una psicóloga, una asistente social, una nutricionista y contamos con un preceptor y un guardia nocturno. Tratamos de darles todo el apoyo posibles para que los chicos sólo piensen en estudiar y en jugar”, agrega Chazarreta.
“Los jóvenes están entendiendo de a poco que deben tener una buena formación educativa. Todos saben que muy pocos son los que llegan a primera división y menos todavía los que pueden sostenerse y tener un buen pasar económico. Jugadores sin estudios han ido a jugar a Malasia, a Eslovaquia o a Rumania por no saber leer un contrato o por no exigirle aclaraciones a sus representantes”, subraya Finizola.
Él sabe como tantos otros en estos clubes que la educación es quizá lo único que sobrevive en esa azarosa aventura de llegar a primera división. Y la que acompaña el derrotero de cada futbolista cuando la pelota ya es sólo un recuerdo.
Una academia en todo nivelNo se conocen muchos casos de una entidad deportiva que cuente con una jardín de infantes, una escuela primera y un instituto secundario. En esta ciudad, Racing de Nueva Italia promueve el deporte a partir de la educación, contando a tal fin con los tres niveles citados. El jardín de infantes y la escuela primaria están detrás de la tribuna ubicada en la cabecera norte; el Instituto Modelo de Deportes de la Academia está a sólo 50 metros de la entrada principal del club. Son cientos de niños y de pibes que caminan con sus padres calles del barrio cuando finaliza el horario de clases.
“El jardín, la escuela y el Instituto Modelo son un motivo de orgullo para todos los racinguistas. La escuela ya tiene 25 años de vida y muchos chicos de esta zona han crecido en sus aulas”, dice el presidente de la institución, Antonio Ruiz.
El directivo apunta que en el Instituto Modelo estudia buena parte de los jóvenes de las inferiores, incluida la veintena de pibes que viven en la pensión, instalada en el estadio Miguel Sancho. “Tenemos juveniles de Chaco, Formosa, Misiones y de distintas ciudades del interior provincial. Para nosotros, lo ideal es que a la par de madurar futbolísticamente, los pibes se eduquen”, amplía Ruiz.
“Un ejemplo que puedo dar, aunque hay muchos, afortunadamente, es el de ‘Chelo’ Bergese, que debutó en primera en Racing y además se recibió en el secundario del club”, apuntó Ruiz, sin ocultar su satisfacción por la labor del club.