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Un equipo, el mejor regalo para “el Ruso” Zielinski

Belgrano ya no compite para no perder ni se preocupa por si los otros ganan.

16 de febrero de 2016 a las 02:28 p. m.
Un equipo, el mejor regalo para “el Ruso” Zielinski
Zielinski tiene un equipo. Con todas las letras.

River Plate llegaba con la panza vacía. La catarata de títulos entre 2014-2015, para su necesidad histórica de llenar vitrinas, era sólo un grato recuerdo. Vino con mucho hambre y con el trapo en la mano para darle lustre a su vieja joya, Andrés D'Alessandro, y a ratificar una nueva etapa, que había empezado con una contundente goleada ante Quilmes, por 5 a 1, en el estadio Monumental.

Con todo eso se encontró Belgrano. Y con una zaga remendada (Jonatan Maidana-Leonardo Ponzio); con un renovado Lionel Vangioni; con un medio campo de fina estampa y toque sensible ("Lucho" González, Nicolás Domingo, D'Alessandro e Ignacio Fernández) y con la delantera de sus grandes conquistas (Rodrigo Mora y Lucas Alario). Pero por encima de todo, con un equipo que se arrimó a Córdoba en el intento de renovar el placer del triunfo.

Luego de Independiente, enfrentar al Millonario era otra prueba de fuego para la nueva estructura celeste. Digno en el campo pero improductivo en los números fue lo que produjo en el estadio Libertadores de América. Varios signos bien grandes de pregunta surgía a partir de la envergadura de su rival. ¿Responderá Pier Barrios en su retorno al lateral derecho? ¿Seguirá adaptándose el chileno José Rojas a sus nuevos compañeros de defensa? ¿Iván Etevenaux tapará el agujero negro que fue en muchos partidos de épocas anteriores el andarivel derecho del medio campo?

El mejor regalo que sus jugadores pudieron hacerle el domingo por la noche a Ricardo Zielinski en su mandato de 200 partidos fue seguir siendo un equipo.

Armador pertinaz en un colectivo que distribuye con equidad el esfuerzo, el entrenador de hace cinco años comprobó que aún en medio de la tempestad, o en el placer de la calma chicha, su barco no perdió nunca el timón y, como sucedió decenas de veces, llegó al mejor destino.

Sufrió Belgrano cuando D’Alessandro o Vangioni les cruzaban balones a Gabriel Mercado, “Nacho” Fernández y al delantero que estuviera en el otro costado; también eso sucedía cuando desde la derecha partían los mismos mensajes. River tuvo momentos de buen toque, correcta circulación del balón, pero escasa llegada a Juan Carlos Olave.

La figura del equipo asomó en la buena integración de "Pepe" Rojas y Lema, la austera pero firme respuesta de Álvarez para no sufrir sobresaltos, la complementación en la marca y el juego de Farré y Bolatti, y en el paso redoblado y muy efectivo de Etevenaux y de Jorge Velázquez por sus calles respectivas. En ese entramado simple y positivo, Fernando Márquez fue lo que se presumía al tener las condiciones técnicas que más se acercan y que no hicieron extrañar a Lucas Zelarayán. "Cuqui" fue el "distinto". Y lo suyo fue determinante.

Este partido (por si hacía falta) sirvió, además, para ratificar el epitafio que pone fin a una época en Alberdi. Belgrano ya no mira hacia los costados con recelo. Ya no compite para no perder ni se preocupa por si los otros ganan. Sin ser anécdotas, las centésimas que hace cinco años lo hacían suspirar, los empates de visitante que lo hacían alegrar, son elementos que ya no tienen tanto peso en su pensamiento.

Por eso Belgrano le jugó a River sin prejuicios ni temores. Por eso ante hombres talentosos opuso la resistencia surgida de la previsión pero no del miedo. Por eso también le movió la pelota y lo sorprendió con tres goles al llegar por los dos costados. Y por eso produjo buen fútbol y se llevó un triunfo merecido. En los próximos meses, Belgrano remodelará el Gigante de Alberdi.

Este hecho trascendental, que va mucho más allá de lo deportivo, subraya la inevitable armonía que debe expresar toda institución para producir progreso. El fútbol lo hizo posible. Cinco años. Doscientos partidos. Y el domingo a la noche en el Kempes, casi como un designio divino, volvió a sufrirlo un revitalizado River Plate. El mejor regalo para “el Ruso”.

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