Temas del día:

Tómelo o déjelo: el "Loco" Bielsa vuelve a dirigir

El rosarino estará a cargo del Lille de Francia. Muchos extrañan su estilo.

22 de febrero de 2017 a las 10:13 a. m.
Tómelo o déjelo: el "Loco" Bielsa vuelve a dirigir

Marcelo Bielsa dirigirá al Lille francés. Y lo hará atacar, como siempre hizo con sus equipos; o propondrá un partido cara a cara aun con la mejor formación que tenga enfrente. Es su manera de interpretar el juego, que expresa más orden táctico que especulación defensiva a la hora de expresarse en la cancha.

El rosarino eligió un equipo que está cerca de los puestos de descenso en la actual Liga francesa y cuya última alegría ocurrió en la temporada 2010-11 cuando salió campeón de la mano de Eden Hazard, el prodigioso belga, enorme jugador del Chelsea.

Con esta decisión Bielsa acentuó una tendencia que marcó casi toda su carrera: la de elegir clubes poco vinculados al éxito. Fue campeón con Newell’s, Vélez y la selección argentina (medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004).

Dirigió, además, a Atlas y América de México, Espanyol y Athletic Bilbao de España, Olympique de Marsella y tuvo un efímero vínculo no consumado con Lazio de Italia.

“El Loco” asumirá en la entidad del norte francés en julio. Llegará precedido por un elogio atípico entre colegas y habitantes de la elite del fútbol mundial. Fue el que le dedicó el múltiple campeón, Pep Guardiola, quien lo calificó el mejor entrenador del mundo.

El catalán, quien se nutrió de los conocimientos de Bielsa en su periodo de formación como DT, reconoció en él la virtud de potenciar las cualidades de sus dirigidos.

“Mi admiración es enorme porque hace que sus jugadores sean mejores. Nunca he escuchado un jugador entrenado por Bielsa que hable mal sobre él. Para mi es el mejor entrenador del mundo”.

Además, Guardiola lo exaltó más allá de los pocos títulos en su trayectoria, al decir que “tuvo una influencia enorme en el juego”.

Bielsa es admirado y rechazado casi en iguales proporciones.

En Argentina, por sobre sus títulos con Newell’s Old Boys y Vélez Sársfield y la medalla de oro en Atenas, se recuerda la frustración que generó no pasar de primera ronda en el Mundial de 2002 en Corea-Japón. En Chile, sin embargo, al menos a nivel de selección nacional, todo parece evolucionar a partir su gestión como director técnico.

Los trasandinos rescatan sobre todo su postura para elevar la autoestima del fútbol de ese país, al proponer una actitud abierta y sin especulaciones con los mejores equipos del planeta. Los frutos de esa cosecha no fueron saboreadores por él, sino por Jorge Sampaoli y Juan Antonio Pizzi, sus continuadores, que condujeron a los trasandinos a ganar las dos primeras Copa América en su historia.

Su manera de interpretar el juego incluye un dato elogiable: nunca renuncia al triunfo; siempre tiende a quebrar al rival y en lo posible con muchos hombres. Los encuentros en los que participan sus equipos tienen emociones y goles, aunque sean para la derrota.

Ese espíritu desafiante le valió la crítica de Carlos Alberto Parreira, el entrenador brasileño campeón del mundo con la selección de su país en 1994 y que dirigió a Sudáfrica en 2010. En aquel Mundial, en octavos de final, Brasil goleó a Chile 3 a 0, y lo eliminó en octavos de final.

Parreira dijo: “No aprendió la lección. Ir a marcar arriba a Brasil es un ­suicidio”.

En ese reparto de sensaciones, sus exdirigidos recuerdan hasta con fastidio el nivel de exigencia de Bielsa en cada entrenamiento, aunque al instante reconocen que ese aspecto de su trabajo los llevó a mejorar su nivel como futbolistas.

Y entre los hinchas, sus innovaciones o propuestas han sido rechazadas de plano por muchos de ellos, quienes han sostenido que no han pasado de ser pura dialéctica y que no han servido para ganar nada.

Así llegará Bielsa a Lille. Luego de dar portazos como en Marsella o en Roma, en este caso aun antes de asumir, u obteniendo la máxima valoración de un ganador nato como Guardiola.

Su ética de trabajo no se cuestiona; su falta de títulos, sí. Ese contexto lo ha acompañado en casi toda su carrera. Él, a sus 61 años, no parece dispuesto a cambiar.