Toda la Gloria para Chávez
El delantero se llevó todos los aplausos. Su espectacular gol, a los 13 minutos, le dio el triunfo 1-0 a Atlético de Tucumán. El ex San Lorenzo fue una pesadilla para Instituto, cuyo público terminó reconociéndolo como la gran figura de la noche.
Habrá que decir que fue un regreso sin Gloria. Aunque suene como una paradoja, tratándose de Instituto. El debut como local del equipo albirrojo en 2011 no fue el esperado ni mucho menos.
La derrota 0-1 ante Atlético de Tucumán postergó la ilusión de seguir escalando en la tabla de posiciones y pegó duro en el ánimo del hincha, porque marcó el final del único invicto anfitrión que registraba la B Nacional.La postal del final remitió indefectiblemente a otro debut: aquel 0-0 ante Boca Unidos en el arranque de la temporada. Desde entonces, nunca el elenco de Claudio Vivas había sido despedido con silbidos. Los aplausos, esta vez, fueron todos para Cristian Chávez, el delantero del Decano que hizo poner de pie a los plateístas en reconocimiento a un espectacular golazo y a una grandísima actuación."Nunca en mi vida me habían aplaudido los hinchas del otro equipo. Fue muy especial, por todo lo que me tocó vivir en la semana", aseguró el atacante que días atrás San Lorenzo intentó repatriar antes del vencimiento de su préstamo. Quizá su orgullo sea más grande cuando le cuenten que la anterior vez que los hinchas gloriosos se rindieron a los pies de un contrario fue cuando el Independiente de Julio Falcioni, con un notable Sergio "Kun" Agüero, goleó a su equipo en el Clausura 2006.
Chávez fue una pesadilla para la defensa de Instituto, que cambió una y otra vez su conformación en el intento de controlarlo. Con impronta de endemoniado, ridiculizó a la última línea albirroja e hizo revolcar un par de veces a Carranza, hasta que finalmente se convirtió en el héroe de la noche.
La secuencia que le valió el reconocimiento de propios y extraños fue una apilada en el área local (cuatro adversarios, incluidos dos caños en el intento) y una exquisita definición por arriba del arquero cuando éste dio el paso al frente para achicar. Hasta el árbitro Mauro Vigliano lo felicitó a la pasada, mientras las palmas sonaban en las tribunas y las gargantas preparaban el "Klimowicz, Klimowicz" con el que minutos más tarde se manifestaría el descontento por una actuación que no lucía convincente.Garra, nada másOtro que se llevó el reconocimiento de los hinchas de Instituto fue el volante Facundo Alfonso. Su esfuerzo y su espíritu de lucha le alcanzaron para sobresalir entre sus compañeros. Por el lado de la Gloria, no hubo mucho más para aplaudir. No hubo ideas claras en un medio campo donde Casado estaba demasiado solo y tenía que hacer dos, tres y hasta cuatro movimientos cada vez que quería sacarse de encima a un rival. Jerónimo Morales Neumann y Leandro Lázzaro, los dos delanteros, fueron los más perjudicados por esa falta de juego, que los condenó a chocar una y otra vez contra los rústicos pero eficientes Páez, Barone y Stang.
Los retoques estratégicos del segundo tiempo no alcanzaron para cambiar la historia. Es más, hasta sembraron más confusión. Vivas cambió el "doble cinco" por el "doble enganche" (Arrieta por Lima), luego apostó al "doble wing" (Bergese por Casado) y terminó jugándose por un "doble nueve" (Klimowicz más Lázzaro). No hubo milagro y los aplausos solo reaparecieron para despedir a Chávez.
Tras el pitazo final, el delantero se acercó a Vivas, le dio un beso y recibió dos palmadas en el pecho. "Un jugador de otra categoría nos hizo un gol de otra categoría", declaró el DT de Instituto. "Jugamos mal todo el partido", agregó.

