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Tevez sí que tiene hambre de gloria

“Carlitos” y su gran noche. Convirtió dos goles (el segundo, hermoso) en la victoria ante México. Fanático de “la Mona”, siempre está conectado a la música. Y lleva sus orígenes en la piel.

28 de junio de 2010 a las 10:44 a. m.
Federico Giammaría, enviado especial a Sudáfrica
Tevez sí que tiene hambre de gloria
Tevez, el jugador del pueblo. (AP)

Johannesburgo. Un IPhad en la mano y los auriculares puestos. O es “Piola vago” o “la Mona” Jiménez, pero de ahí no sale. ¿Qué otra cosa podía estar escuchando Carlos Tevez después del partido soñado de anoche? Así llegó a la conferencia de prensa, a recibir el trofeo del “hombre del partido”.

Tevez, nada menos. Al que llaman "el jugador del pueblo", identificado con la gente que lo ha bancado en todos los momentos. Por eso tanta explosión ayer cuando marcó los dos goles, porque había un deseo palpable de que fuera "Carlitos" el que al fin se diera el gusto.

Contra México apareció desde las tinieblas de un equipo que no podía avanzar. La selección se movía a los tumbos, perdida por el Soccer City hasta que Tevez convirtió la confusión en dos goles; el último, maravilloso.

En el primero, se mordió el escudo de la AFA, a dentelladas. Con el “hambre de gloria” (como le gusta decir a él) que ameritaba ese momento. Y en el segundo, corrió a abrazarse con Diego Maradona, a quien minutos después le mostraría todo su fastidio cuando lo cambió por Juan Sebastián Verón.

Tevez nunca esconde sus estados de ánimo, ni deja de decir lo que piensa. Lo hace como nadie y por eso es el más transparente de todos. Corre y mete como un defensor, se brinda como un volante y define como un delantero. Aunque su objetivo sea, como se lo dijo el entrenador, el gol.

Se adapta, esa es su cualidad más importante. Puede jugar como “8” o puede pasar del calor de Brasil a vivir en el frío de Inglaterra. Es capaz de prodigarse junto a Otamendi en la marca del lateral derecho y también, de cuidar su intimidad en un día libre mientras pasea con su hija por algún shopping de Johannesburgo.

Y ama a su gente y a su tierra. Por eso, cuando tiene días libres, regresa a la Argentina. Y si puede, alquila una camioneta, invita a sus amigos y parten rumbo a Córdoba, a ver a Jiménez. Su ídolo. “La Mona” lo adora y suelen pasar días enteros en la casa del cantante en el Cerro de las Rosas. Allí hay varias camisetas de “Carlitos”, dedicadas especialmente.

Este Tevez no es nuevo. Ya lo habíamos visto así en el Mundial de Alemania 2006. Aquel partido contra Alemania (sí, otra vez) fue una muestra de su corazón de león. Había salido como titular y no falló: jugó un gran partido aquella tarde. Sólo le había faltado el gol, que tardó en llegar... hasta ayer, en otra Copa del Mundo.

Alguien que lleva las marcas de la vida así, tan seguro de sí mismo, es una persona de respeto. Cuando tenía 10 meses, el agua hirviendo le provocó una herida que se puede ver por debajo de la mandíbula. Gana millones, pero no ha querido hacerse una cirugía estética. Sus orígenes, su pasado, ahí, siempre con él.

Como el apodo al que no desprecia pero tampoco defiende. Prefiere “Carlitos”, aunque haya nacido en Ejército de los Andes, más conocido como “Fuerte Apache”. También le dicen “Sir Charles”, pero eso es entre ingleses y, ya está visto, al idioma de los piratas mucho no le hace.

Por ahora, sigue siendo Tevez, como tuvo que ponerse en la camiseta 11. La Fifa no entiende de gestos cariñosos y mimos necesarios.