Tevez, el ilusionista
Con su impronta, Carlitos hizo pensar a Boca que podía llevarse todo sin tener nada. Amigo de lo imposible más que de lo posible, necesitaba probarlo en el clásico de ayer ante River.
Son pocos, pero aún están. Gracias al fútbol. No se sabe por cuánto tiempo más, porque hoy son unidades de negocios más que jugadores y el mejor partido puede ser la solución económica para el club, o los tenedores de los pases o el pasaporte para vivir (o volver a) otras culturas diferentes. Por eso hay que aprovecharlos.
Porque ellos saben lo que otros no. Son la respuesta al qué hacer, a quién o quiénes pueden ejecutarlo –ellos incluidos– y también para los cómo, cuándo y dónde determinar un partido. Porque a ellos, simplemente, les sale resolver un partido. O lo piensan antes de hacerlo.
Como sea, son la esperanza de que esa cantidad de secuencias que ofrece un partido pueda convertirse en una película digna de un Oscar y no resulte un bodrio determinado por el miedo a perder el trabajo de sus entrenadores, de los jugadores o las limitaciones propias. Mientras ellos estén, siempre existirá la posibilidad de ver “la” jugada, “el” pase inverosímil que convierte a la definición en un trámite y todo esa variedad de recursos que es capaz de cambiar un partido.
Son de esos tipos que hacen que el cuadro sea más grande que el marco y que la gente se haya ido con la sensación de que vio un jugador en serio. Y que al asombro que deparó en cada hincha dura hasta la próxima función. Como pasó en el clásico de ayer.
Son ilusionistas
Los que hacen pensar en que se puede llevar todo sin tener nada, con una ocurrencia. Más amigos de lo imposible que de lo posible. Eso fue Carlos Tevez ayer. ¿O no fue increíble que se llevara a la rastra a dos marcas y juntara dos más para poner el pase quirúrgico para Bou en el 1-0? De la misma manera en que apareció para transformar el 1-2 parcial y pasar a ganarlo 3-2. El derechazo con comba de su último gol, fue a un ángulo y dejó la puerta abierta para la goleada.
Tevez ilusionó y concretó: sacó de la oscuridad a Boca y lo llevó a una claridad soñada. ¿Pero qué es? Fue enganche, delantero, mediapunta... Lo que le hizo falta a su equipo. Porque jugadores como él, siempre tendrán lugar. El fantasista del "Millo"Tevez en Boca era lo que D'Alessandro para River. Sin embargo, el "22" quedó sólo en aspirante a ilusionista: el DT Marcelo Gallardo le dijo "basta" al volante que había marcado el juego.
El que vio el partido antes que cualquiera de sus compañeros. Vivísimo para aprovechar la debilidad de marca de Boca, "el Cabezón" organizó a River para revertir el 0-1 inicial y a pensar que la goleada dependiera del siguiente acierto de cualquiera de sus delanteros. Y justo cuando se venía lo mejor, D'Alessandro salió y nadie pudo hacer de él, ni tampoco llegó la conversión esperada. Solo quedó la impronta de Tevez. Si fue de Boca, se debió al "10", quien se quedará ahora (tiene una gran oferta de China) que "todo volvió a la normalidad"; si era de River, habría sido por la gestión del "Cabezón", que ahora volverá al Inter de Brasil. Como fuera, el fútbol fue de un ilusionista. De una buena vez.
Todo sobre el triunfo de Boca:

