Talleres y un vestuario para imitar
El gesto que tuvo el club cordobés, luego de quedar eliminado en la Copa Libertadores, fue elogiado por diferentes sectores del fútbol sudamericano.
"Felicitaciones, Palestino. Muchas gracias por la hospitalidad. Que el fútbol una las fronteras". La frase apareció en el pizarrón del vestuario del Eestadio San Carlos de Apoquindo, junto a unos presentes institucionales que los dirigentes de Talleres acostumbran a dejar en cada visita que les depara el calendario. Antes de escribir el mensaje, la gente de la "T" se encargó de dejar el vestidor en el mismo estado en que lo encontró: impecable.
Está claro que lo descripto no debería ser noticia. Porque es un simple acto de reciprocidad que debería funcionar de manera autómata, casi como un acto reflejo: un huésped no puede retirarse de un recinto sin tener un gesto de agradecimiento o, al menos, limpiar lo que ensució. Pero, en el fútbol de alta competencia de la AFA, el club de barrio Jardín predica desde hace cuatro años en el desierto.
Nuestro fútbol naturalizó cuestiones inaceptables. “El estado en que encontramos el vestuario depende mucho del resultado del partido. Si un equipo gana, tal vez te lo entregue medianamente ordenado, pero, si pierde, es común que te encuentres con cosas rotas o pateadas”, cuenta Marcelo Ponce de León, colaborador del área de Infraestructura del estadio Mario Kempes.
El trabajador, con tres años de experiencia en el cargo, asegura que Talleres es el único club que devuelve el vestuario tal como lo encontró. “Nadie hace eso. A lo sumo, unos pocos te lo entregan sin basura y algo de orden, como hizo Palestino en el partido de la semana pasada. Pero, en general, nos encontramos con yerba tirada sobre las alfombras, restos de comida o con situaciones como la de hace pocos días, en la que se llevaron el control remoto del televisor”, explica Ponce de León.
Lo de Talleres no es un hecho revolucionario, ni sustancial. Incluso es probable que sólo perdure mientras sigan en su puesto quienes están encargados de llevar adelante la iniciativa. Pero el gesto de Talleres es toda una señal que va más allá del fútbol y que trata de recuperar valores esenciales –y, si se quiere, primitivos– que nunca debieron perderse.
¡Enorme gesto de Talleres! A pesar de la eliminación en la Libertadores, el equipo cordobés dejó impecable el vestuario en Chile y le dejó como regalos al club Palestino un vino, alfajores y un banderín. El conjunton chileno agradeció con este mensaje. pic.twitter.com/o4hugr05Y1
— SportsCenter (@SC_ESPN) February 28, 2019
¡Gran gesto de la T! Luego de perder ante #Palestino y quedar afuera de la Libertadores, la delegación de #Talleres dejó el vestuario visitante en perfectas condiciones, con un mensaje escrito y unos regalos: un banderín, unos alfajores y un vino ➡️ https://t.co/3BwYlogyvk pic.twitter.com/Ywqk2XyuMc
— Diario Olé (@DiarioOle) February 28, 2019
Brava idolatría
Y si se trata de enseñanzas, a Talleres y Palestino los une algo más que un vestuario limpio. Porque entre los máximos referentes de ambos clubes figura Rubén Bravo, el brillante delantero cordobés nacido en Cruz Alta, que fue figura consular de los chilenos en pleno apogeo futbolístico del “Maestro”, para convertirse, años más tarde, en uno de los mejores entrenadores que haya ocupado ese cargo en la historia del club cordobés.
Bravo fue puntal y goleador de la campaña de los árabes en 1953, cuando luchó cara a cara el campeonato con Colo Colo, a la postre campeón. La “T” no lo disfrutó en ese rol, pero lo vio con la inscripción de DT en su traje, en el equipo que, para muchos, fue el mejor Talleres de la historia: el de 1976, que perdió una polémica semifinal ante River.
Bravo, un “Maestro” de ambos lados de la cordillera
