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Talleres y su otra cara

La victoria ante Patronato trajo un poco de paz. Mirá el análisis de Enrique Vivanco en la previa de las ocho "finales".

22 de abril de 2014 a las 02:34 p. m.
Talleres y su otra cara

El triunfo ante Patronato aflojó tensiones y renovó esperanzas. Era imprescindible paladearlo, luego de tanto tiempo de aridez en la boca. Al hincha de Talleres, el domingo pasado, se le ensanchó el angosto pasillo en donde transcurrían sus ilusiones. Ahora, aunque en proporciones menores, tiene un poco más de espacio para soñar.¿Qué le hizo Jorge Ghiso al equipo? Luego de la derrota frente a Independiente cambió a Santillo por Aguiar; también ubicó a Bottino en el lateral derecho y a Burgos como primer marcador central. Estos dos últimos hombres en posiciones no habituales pero en las que no se muestran incómodos.

¿Qué más? Ratificó a Leyes de "5", lo puso junto a Agustín Díaz y alternó a Vega y a Barrionuevo por la derecha. En el otro costado metió un poco más el cuchillo y confirmó a Álvarez y a Pavón. Arriba, Klusener; o sino, Sánchez Sotelo.

Ya está viejo “Vitrola” para hacer malabarismos y por eso es consecuente con sus principios; le pidió a sus jugadores que traten bien la pelota y que aprovechen más las oportunidades de gol. Nada raro. Seguramente subrayó y les hizo ­notar la importancia del momento deportivo.

Antes de su llegada, Talleres parecía no comprender lo que estaba en juego; en estas semanas, sí, evidentemente, el cambio parece haberse producido. Se insinuó ante Defensa y Justicia; se notó más con Instituto; y aumentó y produjo alegrías frente a Patronato. Talleres es más combativo. Trata de ganar la posesión del balón como antes no lo hizo. Y busca darle un buen destino a la pelota como siempre lo intentó.

No es menor la apuesta de Ghiso por un medio campo “hecho en casa”. Barrionuevo corre más y sigue pegándole como los dioses; Leyes y Díaz se complementan en el esfuerzo y la creación y Álvarez y Pavón, aún en cuentagotas el primero, se presentan desequilibrantes.

En ese aspecto también hay una mejoría: cuando ataca, Talleres amenaza más y es más contundente.

El poco tiempo de gestión le ha impedido al técnico disciplinar la actitud defensiva. Aunque el espíritu solidario parece atizado por la prédica de su conductor, la atención y el orden para marcar o neutralizar cualquier iniciativa adversaria, todavía se hacen desear.

Con mucha frecuencia, a Talleres le hacen goles en jugadas con pelota parada o directamente a través de centros. Hace más de un mes fue Sebastián Sánchez el que lo hizo para Gimnasia y Esgrima de Jujuy; ya pasados cerca de 15 días, el gol de Juan Martín para Instituto todavía duele; el domingo último, Ignacio Bogino fue el verdugo. A los albiazules le "llegan muy fácil", diría la tribuna. Y así sucedió casi siempre.

Ese déficit es devastador para un equipo que debe hacer un gran esfuerzo para ganar y que, además, depende no sólo de sus propios números para quedarse en la segunda división.

El derrotero le pone como desafío a Brown de Adrogué. Una prueba complicada, en la que deberá poner en movimiento todos los cambios positivos apuntados. La renovada combatividad le hará decir presente en territorio ajeno; sus talentos, de relucir, serán el valor agregado que podría determinar, porqué no, otra victoria. Talleres deberá demostrar que este incipiente despertar no es sólo la respuesta a un cambio de técnico. El objetivo será mantenerla hasta que sus días se vuelvan más diáfanos.