Talleres vive el momento de la evaluación y, sobre todo, del supuesto. Es entendible y lógico que así pase, después de una situación histórica como la de haberse presentado por primera vez en el estadio Maracaná ante el poderoso Flamengo, ganador de la Copa Libertadores 2019. El tiro de Girotti que sacó el arquero local Santos pudo haber sido el 2-2 y el premio para un equipo que intentó dar el batacazo sin meterse atrás, además de la expulsión que el árbitro venezolano Valenzuela debió aplicar a Gomes por el codazo a Esquivel.
Sin embargo, intentar explicar el 3-1 final desde ese hecho sería irreal. Esa fue una imagen real y concreta, pero la película del partido tuvo pocas equivalencias entre uno y otro equipo. Fue ambiciosa la apuesta al juego para tratar de sorprender a un rival acostumbrado a que no lo ataquen.
El ingreso de Oliva fue para crear una sociedad con Méndez que potenciara a la ya existente entre Fértoli y Matías Esquivel. De esa manera, Girotti ya no sería un llanero solitario. De la misma manera en que se apostó por lo mismo cuando ingresaron Michael Santos, Valoyes y de Ángelo Martino, a poco de iniciarse el complemento. En el mismo tramo final, se apostó por el ingreso de David Romero y salió Díaz. La producción fue el 1-2 de Héctor Fértoli (justo con “Nacho” en ataque, Girotti bancando de espaldas y “el Rayo”, que llegó para anotar), el remate de “Fede” ya mencionado y el cabezazo de Martino que sacó el “1″ Santos.
Fue poco para la apuesta de Caixinha y para un Flamengo que lo desnudó cuando aceleró. Talleres quedó “largo” como dijo el DT, cuando debía ser corto. Everton y de Arrascaeta se dieron cuenta en el acto. Un quiebre de cintura, un amague o una pared fueron llaves para entrar a espacios hermosos que la “T” solamente protegió con esfuerzos individuales como los de Villagra, Pérez o Díaz, en lugar del bloque pretendido.
Sin embargo, el análisis que le duele más que nada sigue ofreciendo las imágenes de siempre. Es casi una película. Cada gol del Flamengo partió de un error de Talleres y del apego a un libreto que debía cumplirse sobre todo en el acto defensivo. El penal de Benavidez –evitable– y convertido por “Gabigol” se dio en los 10 minutos de juego, un lapso en el que la impaciencia suele atacar a los equipos grandes, a sus talentosos y también a la gente.
En el 2-0, nuevamente perdió el control de su banda derecha y tanto Everton como de Arrascaeta llegaron con tiempo para resolver; y el 3-1 fue una pared con Bruno Henriques –ante los “5″ de la “T”– que el capitán definió contra el palo que cubría Herrera.
Una marca a distancia, en la mayoría de los casos, para tipos que saben qué hacer y que tienen la virtud de jugar de memoria. Fue demasiado para Flamengo, pero lo fue y lo será para cualquier equipo que Talleres decida enfrentar así. El plan entusiasmó, pero se cumplió poco. El desequilibrio podrá trabajarse, pero el primer partido que debe ganar la “T” es el de sus limitaciones. Así podrá ser “diferente” para Talleres como advirtió Caixinha. Para el juego revancha con Flamengo y para lo que viene.
