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Superclásico, el dolor de ya no ser

Boca y River son protagonistas de una historia que parece perder fuerza. Su centralidad hoy es puesta a prueba por otros equipos y otros valores.

30 de marzo de 2014 a las 12:17 p. m.
Superclásico, el dolor de ya no ser

¿Qué le pasó al fútbol argentino para que el superclásico entre Boca y River ya no sea lo que fue? Muchas cosas. Se juega cada vez peor (la sangría de talentos hace daño), se ve mucho fútbol extranjero (y ahora, en HD) y además, los clubes del interior se han ido fortaleciendo como nunca. Por todo eso, aquella vieja costumbre que trasladaba la pasión por legado dejó paso a una cuestión de elección personal. Más práctica, individual, despojada. 

No es de hoy que las nuevas generaciones han reaccionado a la globalización aferrándose a lo local. Contra la invasión foránea, se revitalizaron las cuestiones cercanas que nos dan (al menos, así lo sentimos) identidad ante lo masivo. Cuanto más se temía por la colonización, la respuesta fue hacerse fuerte en casa. Pasa en muchos ámbitos (a nivel político, a nivel cultural y también, a nivel deportivo). Pero, sobre todo, pasó en el fútbol.

El superclásico argentino, totalizador entre las décadas de 1930 y de 1990, ha ido perdiendo fuerza ante los clásicos de la provincia, de barrio, de pueblo.

Si bien River y Boca han influido mucho más en el interior del interior (en la Pampa gringa, sobre todo), también ahí el novel hincha se identifica cada vez menos con los colores del puerto y más con los de acá a la vuelta.

En 2014, los pibitos parecen pivotear entre dos hemisferios: el lúdico, lleno de maquinaria europea (son hinchas del Barcelona, del Chelsea, de la Juventus); y el pasional, conformado por lo que de verdad importa: el equipo al que le dedicamos la vida. Y en el medio, ¿dónde estarían River y Boca? Poco y nada.

Alguien preguntaba hace poco, en la Redacción de Mundo D, hasta cuándo soportarán los hinchas que se llame "superclásico" al River vs. Boca.

Porque hoy, el partido de partidos significa más por historia que por presente. Del brazo de la pauperización del fútbol argentino hace rato que no genera aquellas batallas épicas que justificaban la paralización nacional. ¿Por qué seguimos denominándolo con grandilocuencia, entonces? Deformación periodística, quizá.

El periodista Gustavo Farías, conocedor como pocos de la historia del fútbol argentino, siempre advierte que el valor de lo alcanzado por River y Boca tiene un sustento futbolístico, es cierto (son los más ganadores de títulos locales y en el caso del Xeneize, a nivel mundial). Pero la vieja tradición unitaria y la imposición de valores desde (en) Buenos Aires hacia todo el país han tapado otra historia. Tan rica y poderosa como la de los capitanes.

La de los equipos a los que podemos ver todos los días. Que ha sido rescatada hoy.

Por eso, de no mediar un milagro futbolístico que devuelva a Boca y a River a su gloria pasada, sus enfrentamientos irán perdiendo paulatinamente la fórmula que tanto nos cautivaba.

Cualquiera puede hacer la prueba en la calle. Pregunten sobre qué partido es el más importante del año. A ver qué les dicen los hinchas.

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