Superclásico: así llegan River y Boca
17 meses después. El superclásico del próximo domingo moviliza al fútbol argentino, por más que ambos equipos vengan de capa caída. Los técnicos se juegan gran parte de su futuro.
El superclásico siempre electriza. Por más que River y Boca lleguen de capa caída. Por más que estén lejos de la punta (Boca, a cinco puntos de Newell’s; River, a ocho). Por más que sus millones de hinchas sepan que será muy difícil que lleguen a pelear el título en diciembre, el partido más grande del fútbol argentino volverá a detener la respiración del país de la pelota, pasado mañana domingo a las 15.30, cuando se enfrenten por la 12ª fecha del Torneo Inicial de la AFA.
A esa hora, parado en el centro del campo de juego del estadio Monumental, Pablo Lunati dará el primer pitazo de la edición 189 de la era profesional. Boca ganó 69, con 259 goles a favor; River tiene 62 victorias, con 246 tantos, y se produjeron 57 empates. Pero, se ha dicho y repetido hasta el hartazgo, los antecedentes valen de poco en este tipo de enfrentamientos.
La expectativa es efervescente porque está en disputa otro capitulo de una rivalidad ancestral y emocionante. Y además, nunca hubo que esperar tanto tiempo (532 días) por un superclásico oficial: el último se jugó en La Bombonera el 15 de mayo de 2011 y lo ganó Boca 2-0 con goles de Juan Pablo Carrizo, en contra, y de Martín Palermo, ambos en el primer tiempo.
Pero decantada esa excitación, el partido del domingo acaso prometa emociones, no buen juego. En lo que va de las 11 fechas del torneo, los equipos que dirigen Matías Almeyda y Julio Falcioni han jugado más mal que bien. Y han decepcionado a sus hinchas mucho más de lo que los han ilusionado.

River: la base no está
Que haya empleado 26 jugadores en 11 fechas y que nunca haya repetido la misma formación inicial da la pauta de los problemas que hasta aquí ha tenido “el Pelado” para definir un equipo y un estilo. Sigue sin saberse a qué juega River, más allá de ir para adelante.
Tras aquellas dos goleadas consecutivas –contra Arsenal (4-0) y Godoy Cruz (0-5)–, parecía que Almeyda por fin había dado en la tecla. Pero la palidez del 0-1 con Quilmes del domingo pasado, volvió todo al punto de partida. No es novedad: River tiene serios problemas de generación de juego. Y es todo un dato de que “Leo” Ponzio (volante central de gran despliegue y buena técnica pero de ningún modo armador), sea quien lleve la pelota a los delanteros.
Por eso, David Trezeguet (quien el domingo podría estar jugando su último partido con la camiseta de la banda roja), Rogelio Funes Mori y Carlos Luna han aportado apenas siete de los 19 goles marcados hasta aquí y sólo el uruguayo Rodrigo Mora se ha mostrado como un delantero picante y peligroso, consolidado como titular.
Si a ello se le suma que tampoco la defensa, integrada en su mayoría por cuatro marcadores centrales (Leandro González Pires, Germán Pezzella, Jonathan Bottinelli y Ramiro Funes Mori), ha garantizado seguridad (recibió 12 goles en 11 partidos) y salida limpia, se sabrá por que River llega entre algodones al superclásico.
De ganar, mejorará su autoestima (y su promedio) y Almeyda encontrará aire para llegar a fin de año seguro en su puesto. Si perdiera, la atmósfera del planeta River se tornará irrespirable y el DT volverá a ver manos negras por todos lados queriendo despedirlo.

Boca: todo está cuestionado
Con una sola certeza, Boca irá al Monumental: Falcioni no hará lo mismo que Miguel Brindisi en 2004 y Claudio Borghi en 2010. O sea, no dejará su cargo en los vestuarios ante una eventual derrota. Después, todo está cuestionado en el caldeado mundo xeneize. El equipo no gana ni le gusta a nadie, cosechó dos de los últimos 12 puntos que jugó y más de uno cree que la relación entre jugadores y técnico está tan quebrada que, así, será imposible llegar a un arreglo.
Como River, Boca también tiene muchos problemas para generar fútbol. La pelota no pasa por el medio sino viaja por aire desde el fondo, donde Rolando Schiavi, Guillermo Burdisso y hasta el arquero Agustín Orión disparan pelotazos a repetición buscando que Santiago Silva pesque alguno. El uruguayo es el goleador con cuatro tantos de los 14 anotados, pero no puede decirse que esté haciendo un buen campeonato. Además, “el Tanque” tampoco ha logrado buen entendimiento con Lucas Viatri, que lleva una sequía de cinco partidos sin anotar y deambulando lejos del área, incómodo y desganado.
Cristian “Pochi” Chávez jugará por Leandro Paredes, pero no será el enganche. Falcioni rearmará para la ocasión el 4-4-2 que tanto prefiere. Está claro que primero tratará de no perder y recién después, arriesgará lo necesario para tratar de llevarse los tres puntos.
El técnico del gesto hosco sabe que su futuro depende del resultado del domingo. Sabe que si le gana a River tal vez el presidente Daniel Angelici le conceda la posibilidad de quedarse. Pero que, si pierde, no habrá quien quiera sostenerlo en su lugar, más allá de diciembre.

