Sudáfrica 2010: la seguimos viendo de muy lejos
El análisis de Joaquín Balbis, enviado especial a Sudáfrica, tras la elimianción argentina.
Argentina cerró el sábado otro ciclo de ostracismo que engrosa a 17 los años de frustraciones que la selección mayor lleva sin ganar nada (Copa América '93, con Basile de entrenador).
Desde entonces, por el banco más deseado del país pasaron el mismo "Coco" (terminó ese ciclo y luego tuvo otro interrumpido por renuncia), Passarella, Bielsa, Pekerman y Maradona. De estilos diferentes, todos se emparentan en algo: con mayor o menor grado de amargura, los resultados no fueron los esperados.
Con algunos agravantes: por ejemplo, en un Mundial, Argentina no le gana a un seleccionado de los llamados grandes desde que, por penales, eliminó a Inglaterra en Francia '98.
Pero lo más preocupante no es eso. Lo peor es que seguimos amagando más de lo que concretamos y continuamos sin tomar conciencia de que, desde Italia '90, lo máximo que alcanzamos en una Copa del Mundo son los cuartos de final. Y no es que Argentina esté obligada a ser campeón, pero sí se le reclama más protagonismo.
En este Mundial, la goleada liquidó el entusiasmo que había despertado el equipo de Maradona y Messi. Ahora, con Julio Grondona a la cabeza y Diego aún como DT, es impredecible aventurar un futuro inmediato.
Lo que sí, ese porvenir debe estar marcado por un proyecto que le agregue mucha planificación a la impronta individual que el fútbol argentino mantiene, más allá de quién sea el seleccionador. Caso contrario, a la Copa la seguiremos viendo de bien lejos
