Sudáfrica 2010: la Polokwane que espera a la selección
La llaman “ciudad sin riesgos”. Viven aproximadamente 500 mil personas y se hablan 8 de los 11 idiomas reconocidos en Sudáfrica. Casi no hay edificios y la gente hace gala de una extraordinaria amabilidad.
Pedro Hernández es un cubano providencial que cumple sus funciones de voluntario en el denominado fans walk, un espacio peatonal para hinchas hecho sobre media calzada de la calle que lleva al estadio Peter Mokaba de Polokwane, donde Argentina jugará con Grecia el próximo martes.
"Aquí está todo alteradísmo", expresa en un castellano que todavía retiene las palabras cubanas ("no puedes llegar en tu carro hasta el estadio. Pero lo estacionas en un parking, coges una guaga que es gratis y ella te lleva y te trae", nos dice).
Pedro abandonó su puesto de trabajo para acompañarnos hasta el estadio. Es nuevo, más chico que los que conocimos en Johannesburgo, pero más hermoso. Su estructura para sostener el techo imita la de los baobab, el árbol más grande y más singular de Sudáfrica.
Si nos tocara vivir en este país, nos gustaría hacerlo en Polokwane, la ciudad sin riesgos o el lugar de la seguridad, según la traducción de su nombre, hecha por el amigo cubano que nos cuenta que ocho de los 11 idiomas reconocidos en Sudáfrica se hablan en esta región.
Los dos negros que nos saludan con euforia en la entrada de la peatonal (nos damos la mano a la manera sudafricana, difícil de explicar por escrito, y a la manera argentina, e intercambiamos objetos y noticias). Thomo Mphahlele y Baster Mthombei son de Giyami y hablan el isiTsonga.
La capital de la provincia de Limpopo, ubicada en la región noreste de Sudáfrica y 60 kilómetros al sur del Trópico de Capricornio, es una ciudad chata y amplia, casi sin edificios altos que acusa algo más de 500 mil habitantes, sin contar los alrededores, llamados aquí town ships.
Ir allí desde Pretoria es como ir de Córdoba a Ojo de Agua. Los campos de apariencia próspera, verdes pese al invierno y con sistemas de riego por pivote central llamados en Argentina "círculo de la fortuna", van cambiando de manera paulatina hacia un paisaje más árido, mientras en el horizonte aparecen las primeras sierras y el camino se convierte en un sube y baja, aunque sigue su línea recta.
Hay un par de diferencias. Una buena: No vamos por la riesgosa y transitada ruta 9 norte, sino por una autopista impecable que, a 150 kilómetros de Pretoria se convierte en autovía constante. Una mala: 120 rands (unos 60 pesos argentinos) de peaje par hacer 280 kilómetros.
Pero aparte del aspecto apacible de esta hermosa ciudad, lo realmente encantador es su entorno que combina paisajes áridos con una vegetación tropical exuberante.El paisaje es por momentos andino y por momentos, amazónico, sobre todo cuando se enfila hacía el Parque Kruger, a 200 kilómetros de la ciudad.
El Kruger es el parque natural más grande del mundo. Su corazón es sudafricano pero su extensión invade a Zimbabue y Mozambique.Apenas si las vidrieras de unos pocos negocios muestran camisetas celeste y blancas junto a las de Bafana Bafana, mientras algunos jóvenes limpiaparabrisas pugnan por ganarse un centavo.
Es lo único con olor argentino que hay aquí por el momento. Todo cambiará, seguramente, en las próximas horas.
Mejicanos felices
Hay una expansiva alegría en Polokwane, pero aun ni rastros de argentinos. Al contrario, todavía quedan restos de mejicanos felices deambulando por ahí, después que su equipo le ganara 2 a 0 a Francia el jueves pasado. Los encontramos desplegando una enorme bandera azul y amarilla en el estadio que decía: "Orgullo azul y oro". Boquenses abstenerse. Se trataba de simpatizantes de Los Pumas.