Temas del día:

Sudáfrica 2010: Bipolaridad argentina

La imagen positiva de Maradona cambió rotundamente en los hinchas nacionales, pero el equipo es el mismo y la conducción no cambió en nada...

26 de junio de 2010 a las 09:17 a. m.
Federico Giammaría, enviado especial a Sudáfrica
Sudáfrica 2010: Bipolaridad argentina

Perdonen que me asuste, pero ver los resultados de la encuesta de D'Alessio Irol me causó escozor. ¿Cómo y cuándo, la imagen positiva de Diego Maradona pasó del 38 al 85 por ciento? ¿Y por qué 8 de cada 10 piensan que está capacitado como entrenador si hace seis meses atrás no daban dos pesos por él? ¿Qué cambió entre aquellos gritos de pesimismo y condena contra Perú, por Eliminatorias, a estas de euforia y exitismo por el pase a octavos? Nada.

Perdonen pero esto es enfermizo. No hay razón para cambiar tan rápido de opinión ni de pasar de la espera del cataclismo a la bienvenida al paraíso. En psicología esto es un caso de bipolaridad claro y duro, de la depresión a la euforia sin escalas.

Ojalá el equipo llegue muy lejos. Ha demostrado valentía ofensiva, amor por el juego, predisposición para la entrega. Se ve un grupo sólido, motivado, feliz y sin conflictos. Y a Diego se lo nota contento, aplomado, concentrado. Pero apenas llevan tres partidos contra selecciones de segundo nivel. No ha cambiado nada. Maradona sigue siendo tan omnipotente ("Traeme a Martín"), histriónico ("Me tiré de panza porque no puede ser que Messi no la meta") y soberbio ("A Pelé no le voy a pedir disculpas") como antes del Mundial. Sigue tomando decisiones muy discutibles (Maxi por Verón y Burdisso por Di María contra Nigeria), mantiene en el equipo a jugadores que ya han hecho méritos para salir (Heinze) y no ha hecho una sola autocrítica hasta el día de hoy ("contra Corea nunca perdimos el control del juego").

En síntesis: es el mismo de siempre, y no cambió un ápice su manera de conducir al equipo.

El tema es que ahora la selección parece encaminada, juega bien y entusiasmarse es una obligación. Pero con cuidado y con memoria.

Lo que antes era incapacidad para ser entrenador ahora no puede ser una increíble capacidad para hacerlo; lo que antes era una máquina de generar polémicas hoy no pueden ser notas coloridas de una personalidad particular. Y lo que antes era un equipo sin alma hoy no puede ser una selección capaz de campeonar.

Mucho se habló de las coincidencias de este Mundial con el de México 1986. Y es cierto: hay elementos que acercan los dos ciclos, que los ponen frente a frente como en un espejo.

Sólo que hay uno que los separa de manera abismal, y es que nunca nadie se sintió campeón antes del gol de Burruchaga a Alemania.