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Son muchas, muchísimas

10 de marzo de 2015 a las 10:27 a. m.
Son muchas, muchísimas
Mariana y su hija Constanza, de Alta Gracia, antes de un partido de Belgrano. (Foto: Ramiro Pereyra/Archivo)

Cada vez son más, muchas más, por suerte. Cada vez entienden más el juego y cada vez preguntan menos. Se las ve en las tribunas del Kempes vestidas de celeste o de azul y blanco. Se las ve enfundadas de blanco y rojo en Alta Córdoba. Se las ve en cualquier cancha de la Liga Cordobesa. Son muchas, muchísimas, por suerte. De todas las edades. Pequeñas en brazos de sus madres, púberes, adolescentes, de mediana edad, adultas, abuelas, bisabuelas. Y no sólo eso. También juegan al fútbol y, a decir verdad, muchas lo hacen mejor que varios de sus pares masculinos, sólo que estos cobran por hacerlo y las mujeres no. Una lástima y una vergüenza. Primero porque deberían cobrar por lo que realizan y segundo porque a igualdad de tareas deberían percibir lo mismo que "ellos".

Cada vez son más, muchas más, por suerte. Comparten asados con "ellos" cuando un partido importante convoca. Muchas, muchísimas, ya no preguntan qué es un "offside". No preguntan porque el señor del silbato está vestido distinto. No preguntan cuánto dura un partido. No preguntan qué es un penal o cuál es la diferencia entre un tiro libre directo y uno indirecto. Tampoco preguntan porque los jugadores se ponen una mano en la zona testicular cuando forman la barrera. No se van de shopping cuando su marido se moviliza a la cancha o se queda en su casa para ver el partido. Los acompañan, la mayoría, a la cancha o al sillón del living. Son cada vez más.

Son muchas, muchísimas. Por suerte. Son tan fanáticas como el más fanático. No se ruborizan cuando de sus bocas sale un insulto agudo y directo al árbitro, porque entienden que no es justo lo que cobró. No se ruborizan y su compañero de tribuna no se escandaliza y tampoco la calla.

Mujeres, mujeres. Mujeres luchadoras que fueron logrando conquistas, muchas, pero no todas las que realmente necesitan para eliminar la cada vez más invisible barrera de géneros. Son muchas, muchísimas. Por suerte.

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