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Seis goles y tres destinos para que avance un favorito

Brasil ganó 4 a 2 con goles de Pato y Neymar, dos pibes despreocupados y divertidos. Ecuador quedó eliminado, a pesar del par de tantos de Caicedo, un guapo de esos a los que todo les cuesta el doble. El equipo de Menezes se quedó con su zona y enfrentará

14 de julio de 2011 a las 08:24 a. m.
Federico Giammaría
Seis goles y tres destinos para que avance un favorito

A algunos la vida los trata con dureza y ni siquiera les da una noche de ensueño. Felipe Caicedo lo sabe perfectamente y por eso lleva tatuada una lágrima al lado de su ojo izquierdo.

Le recuerda, ha contado, lo dura que le ha sido la vida desde que nació. Tanto que hacerle dos goles a Brasil, en la que parecía la noche de Ecuador, no sirvió para nada. Y esas alegrías terminaran sepultadas con una goleada en contra ante el pentacampeón mundial.

A otros, en cambio, la vida los trata mejor. Neymar hasta tuvo tiempo de pasar por una peluquería cordobesa el pasado viernes.

Su preocupación era cómo poner en condiciones su “cresta”, algo de lo que se encargó el estilista Fernando Moreno. Tan despreocupado se mueve, dueño de un destino soñado, que en la cancha es capaz de pasar inadvertido hasta que decide usar la estrella que lo acompaña y marcar dos goles. Como un trámite.

Y para algunos, la cuestión es complicarse sólo. Alexandre Pato se casó enamoradísimo de la famosa actriz brasileña Sthefany Brito, pero luego conoció a la miss Brasil Débora Lyre. Su mujer, entonces, lo dejó. Y finalmente el pibe cambió todo por Barbara Berlusconi, la hija del primer ministro italiano.

Anoche, antes del partido, fue el último en bajar del colectivo que trajo a su equipo al Mario Kempes. Se colgó hablando largo por su celular. Tenía nostalgia en la cara y se metió rápido al vestuario. Pero se encendió en la cancha y marcó el otro par de goles en el 4 a 2 para el “scratch”.

Los tres, Caicedo, Neymar y Pato, no pasan los 22 años. Siguen siendo muy jóvenes en un mundo, el del fútbol, que les da a cada uno destino diferentes.

A Ecuador le tocó pagar su inocencia, la de siempre, la que no logra que estos jugadores de buena técnica sean un gran equipo de fútbol. Los jugadores brasileños, en cambio, hicieron lo que hacen siempre: merodear el precipicio como si el morbo de la tragedia futbolística fuera su adicción, hasta que aprietan el acelerador y terminan con cualquier chance de caída histórica.Brasil salió fortalecido de Córdoba, con sus cuatro goles y sus héroes envalentonados. Pato fue elegido el mejor de la cancha y Neymar, cuando Menezes lo cambió, se fue silbado por todo el estadio, algo que seguramente lo hará sentir un genio maldito.

Estaban exultantes los brasileños y parecen haber entrado en calor, un gesto típico de una selección que parece odiar las rondas preliminares y amar los cruces secos de todo o nada. Les encanta.

Sufrieron al principio, pero se quedaron con el Grupo B. Ahora, los espera Paraguay en La Plata. Un partido de los que piden cita con la historia.

Ecuador dejó la cancha rápidamente, sin siquiera recibir un aplauso de parte de los espectadores argentinos, que se preocuparon más por putear a los brasileños que por reconocer el gran partido de los azules. Caicedo encabezó la partida, junto a su equipo ya eliminado de la Copa América.

Quizá se fue pensando en el frío que lo espera en Rusia, adonde jugará la próxima temporada vistiendo la camiseta del Lokomotiv. Como sea, nada será más duro que su infancia en el barrio de Guasmo, en Guayaquil, uno de los más peligrosos de su país. Aunque sus dos goles no hayan alcanzado para nada.