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¿Se puede soñar con un campeón cordobés?

El panorama, a días del inicio de la pretemporada de los principales equipos de la provincia.

30 de diciembre de 2014 a las 12:47 p. m.
¿Se puede soñar con un campeón cordobés?
Los hinchas esperan por alegrías. En un fútbol argentino donde todo es posible, los cordobeses tienen derecho a soñar. (Fotomontaje: José Gabriel Hernández)

A Córdoba le sigue haciendo falta un campeón que no destiña, que no oscurezca, que no de­saparezca, que mantenga en alto la copa, que no discrimine, que aglutine, y que definitivamente haga festejar a una provincia que ha pasado demasiados años esperando un título.

Sin pretensión de categorías, ¿se podrá? ¿Podrán el año que viene Belgrano, Instituto, Sportivo Belgrano o Talleres? ¿O Racing de Nueva Italia, Sarmiento de Leones, Estudiantes de Río Cuarto o 9 de Julio de Morteros?

Suena cuanto menos desmesurado pensar en una vuelta olímpica cuando los números han cubierto la mitad de las expectativas, o han permitido seguir participando, en el mejor de los casos. Es impensado armar la imagen de un festejo multitudinario cuando la vara, en la mayoría de los casos, sólo deja la marca en el ombligo.

Hasta ayer la realidad indicaba: que Belgrano se fue satisfecho con sumar 25 puntos; que Sportivo Belgrano salió último en su zona; que Instituto no ascendió; que Talleres tampoco lo hizo. Y que en las caras polvorientas de Racing, Sarmiento, Estudiantes y 9 de Julio cruzará una catarata de transpiración en la búsqueda del ascenso reparador que justifique tanto sacrificio.

Todavía le cuesta al fútbol de Córdoba salir de los zigzag del país, del centralismo porteño, de las gambetas endiabladas hacia el arco propio, del pase sorpresivo y envenenado hacia el arquero amigo. Le cuesta organizar, planificar, proyectar y soñar. Padece lo externo y no desanuda los males de adentro. Por eso nadie sueña en Córdoba con un título. Hace rato que se ha perdido ese objetivo.

A cambio, se aplaude la planificada mesura de Belgrano, el afán de resurgimiento de Talleres, el intento de estabilidad de Sportivo, la tozudez para enfrentar la crisis de Instituto, el esfuerzo por volver a ser de Racing y la ambición por el engrandecimiento de los clubes de tierra adentro.

Todo costará más, mucho más en el 2015. Serán más bocas con apetito voraz para dos panecillos por categoría. Estarán las fauces enormes de los de siempre y los labios tímidos de los que recién se suman a la mesa. Habrá grandes y chicos y otros más chicos con los ojos grandes y llenos de sorpresa por sumergirse en la gran aventura.

El próximo año no promete arabescos ni sacudones fuertes. La tendencia celeste se mantendrá en la reafirmación de un estilo que desde lo institucional ha impregnado lo deportivo. Suena a logro mantener a Zelarayán o Rigoni después de 20 años de estanterías zarandeadas; suena a desmesura, al menos por ahora, la proyectada estatura de Talleres, similar a la de River o de Boca, cuando se deben volver a cavar los cimientos; suena a entelequia la recomposición inmediata de un Instituto aturdido por deudas y demandas; suena a doble esfuerzo el replicado mensaje gringo por no perder el equilibrio en su actual pedestal; suena también a idealización la llegada del mesías académico que todo lo puede y todo lo logra; suena a titánico el caminar lento pero indetenible de riocuartenses, morterenses y leonenses por llegar a la tierra prometida.

El pedido, entonces, debe ser cauteloso. No hay espacios para grandilocuencias en un fútbol que en algunos casos renueva sus tropiezos y en otros inicia el viaje con un controlado despegue. Lo demás, los sueños que orbitan la luna, los que trazan alianzas en el más allá, los amores imposibles, quedan a criterio de quienes tienen la libertad y la fantasía de disfrutarlos.

Todo es posible en el fútbol argentino. Hasta salir campeón. Eso es lo que están diciendo desde hace unos pocos años los hinchas de Lanús, Banfield y hasta el mismísimo Arsenal de Sarandí. Que así sea… (alguna vez) en Córdoba.

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