¡Qué par de pájaros…!
Sed de venganza. Una vieja y acendrada rivalidad firmó los dos goles celestes. Hace 10 años, Pereyra y Zapata compartieron el plantel tatengue.
Belgrano y Colón llegaron a la cita con la promesa pendiente de mejorar las cuentas. Ambos dijeron tener con qué, pero en la íntima convicción del hincha, aquella que se confiesa con la almohada, los piratas sólo admitían una victoria fácil. Trabajada, pero lógica al fin, con dirección a un futuro menos inestable.
Esta fue la solicitud humilde que la familia celeste –acostumbrada a rogar por milagros humildes–, se aferró para ocupar deliberadamente casi la tercera parte del estadio Kempes, preparando la fiesta cordobesa en familia.
Enfrente, Santa Fe quedó lejos con una convocatoria minúscula y desordenada que apenas se duplicó a 45 minutos de comenzado el partido.
El Rojinegro no la está pasando bien y a pesar que el DT Roberto Sensini fue ratificado en su cargo por la comisión directiva, en los pasillos del club sabalero no creen en el “amor eterno”.
Y uno porque esperó que pase lo que finalmente pasó, y el otro porque no puede hacer más de lo que hace, el minutero se desgastó en un reparto de intenciones que no siempre fueron buenas.
Con la suficiencia de los audaces, ladrones que esperan encontrar las puertas abiertas, de aquellos que siempre están despiertos acechando la oportunidad, se dieron la mano Melano y Pereyra para dejar al arquero Bailo revolcado por el suelo.
Como al pasar, alguien recordó que “el Picante” aprovechó a sacarse la espina de su pasado tatengue con la venganza en la sangre. El empate fue otro gesto delictivo de un robo de ocasión.
Allí estuvo Gigliotti, descuidista del área chica que se aprovechó del titubeo que tuvo Olave. Pero al partido le faltaba un trazo grueso, una jugada relevante, una imploración a la gloria.
¿Y saben qué? Otro golpe medular, un estiletazo parenteral, el veneno con historia que trajo desde izquierda al centro el empeine de Zapata. Minuto 44 del final.
También por la puerta abierta de la defensa rival. La mejor jugada del partido, la que cambió a triunfo, la síntesis de lo que se vino a buscar, el punto final de la discusión. Entrañable golazo para otro memorioso que recordó el paso tatengue del autor.
Un par de gritos porfiadamente unidos en la tarde del Kempes para agregarle otro crespón a los sabaleros desde aquella rancia rivalidad que ríe perversa con el pasado unionista.
Pereyra y Zapata, ambos santafesinos, integraron el plantel de Unión, desde el año 2001 hasta el 2003, año en que el club albirrojo descendió de Primera División.
