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Pelotazo al vacío: el abominable hombre de negro

Una columna de Luis Heredia.

15 de abril de 2023 a las 08:19 a. m.
Pelotazo al vacío: el abominable hombre de negro
Ilustración de Chumbi.

Atlético de Tucumán declaró persona abominable al de por sí poco carismático árbitro Fernando Espinoza, luego de su desempeño en el partido que el Decano perdió de local contra San Lorenzo por 3-1, actuación que el club norteño consideró perjudicial para sus intereses, entre otras razones, debido a la expulsión de dos jugadores y director técnico, combo de deportaciones que para la institución es una muestra más de una suerte de antipatía congénita del colegiado hacia su equipo.

La protesta tucumana se expresó en formato de duro comunicado en el cual repudia a Espinoza, se pide expresamente a la AFA que nunca más dirija al equipo mientras exista el fútbol en el planeta y solicita una pericia psicológica del colegiado porque el club duda de que esté apto para desempeñarse al menos como árbitro a partir de ciertos comportamientos, como atropellar intencionalmente jugadores para inmediatamente expulsarlos bajo el cargo de impedirle desplazarse libremente por el campo de juego, como ocurrió con la roja que le mostró a Guillermo Acosta en ese partido con San Lorenzo. Según algunas fuentes, en su informe expresaría que el jugador “incurrió en la violación del derecho de transitar libremente por el territorio argentino expresamente establecido en el artículo 14 de la Constitución Nacional, ya que el campo de juego de la cancha de Atlético forma parte indisoluble del territorio nacional”. Es decir que Acosta fue expulsado por “conducta inconstitucional”.

Por el contrario, el jugador, lejos del espíritu del artículo 14 esgrimido por Espinoza y más lejos aún del lenguaje académico, simplemente se limitó a calificarlo de “cagón que nos caga en todos los partidos”, en referencia a otros fallos polémicos en contra que los decanos le facturan y que lo convierten en uno de los cinco árbitros más aborrecidos por los tucumanos, una lista que es encabezada por el mejicano Codesal y que también integra el legendario William Boo, el árbitro corrupto de los recordados Titanes en el Ring.

Del lado de la AFA, quien se respondió a la queja tucumana fue el tesorero de la institución quien desde las redes envió un claro mensaje de advertencia a los directivos de Atlético, extensivo a cualquier otro dirigente descontento con los arbitrajes (sentimiento que llamativamente suele aparecer en los partidos de Barracas). Dijo el tesorero: “Piensan que van a lograr algo de esa manera. Qué poco saben y entienden. ¡Ojo que el que más pide o reclama, se muere primero! Memoria muchachos”. Lo que quiso decir el tesorero con ese supuesto e inquietante refrán, que tampoco se sabe de dónde salió, es motivo de todo tipo de interpretaciones por parte de los dirigentes del fútbol argentino. “Tengo el ‘espíritu’ lleno de dudas. ¿Qué significa ‘se muere primero’? ¿Debemos tener ‘memoria’ de qué?”, se pregunta un directivo que por las dudas tomó la decisión de comerse todos los sapos arbitrales que se vengan sin decir una palabra.

Lo cierto es que debido al escándalo y pese a la advertencia del tesorero, finalmente la AFA sancionó con delay a Espinoza y lo paró para este fin de semana. Sin embargo, son pocos los que creen que este castigo podría hacer reflexionar al árbitro y hacer cambiar su intempestiva forma de dirigir los partidos.

Esto es así porque, si bien se afirma que el árbitro debe pasar desapercibido en los partidos para ser buen árbitro, otros árbitros sostienen que deben hacerse notar porque de lo contrario corren el riesgo de no ser mencionados en las crónicas y de no figurar ni en la síntesis de los partidos; es decir, ser ignorados por la historia y no ser reconocidos ni por los alcanza pelotas. Hoy por hoy los árbitros ya no se dividen entre los partidarios del “siga, siga” o de la mano dura, sino entre los partidarios del “perfil bajo” y los “protagonistas”; es decir, los que buscan que se hable y mucho de ellos después de cada partido que dirigen.

El problema es que para que se hable de un árbitro después de un partido debe haber polémica y para que se genere controversia el juez del encuentro debe mandarse como mínimo un par de macanas que provoquen algún que otro entrevero, protestas subidas de tono de los jugadores que se consideran perjudicados, arremolinamientos en torno su persona, lanzamiento de algunos objetos de relativa contundencia desde las tribunas y declaraciones altisonantes de los protagonistas contra el colegiado después del juego. “Este combo con sus pro y sus contra garantiza protagonismo, es verdad que se arma bronca y te matan con las declaraciones pero se habla de nosotros toda la semana, es decir trascendemos”, explica un árbitro enrolado en la corriente “protagónica”.

Ser protagonista o no ser es la consigna de esta tendencia que tiene numerosos adeptos en el referato nacional.