Ocupar los espacios que ostentan los indeseables en Talleres
Los incidentes que ocurrieron el jueves pasado en el Kempes deben ser un llamado de atención y preocupación.
Lo que pasó el jueves en las boleterías del estadio Kempes fue lamentable. Un bochorno. Un papelón. Se sabe que la pasión del hincha de Talleres es enorme. Casi incontrolable. Por esa razón a nadie se le puede escapar lo que podía ocurrir. Que la responsabilidad es de Atlético de Rafaela, el club organizador del partido de esta tarde; que la responsabilidad es de la Policía, que debe garantizar la integridad de las personas; que la responsabilidad es del Cosedepro, el organismo de seguridad deportiva en la provincia de Córdoba; que la responsabilidad es de Talleres, porque fueron sus hinchas quienes pugnaron por un boleto; que la responsabilidad es de la empresa que vende los tickets; que la responsabilidad es de... Siempre la culpa es del otro. Y así nadie se hace cargo.
En realidad, los que coparon la parada, lamentablemente, fue un grupo de barras que vieron el hueco, el vacío de autoridad, y quisieron imponer condiciones en la mañana del jueves en las boleterías del Kempes.
Basta.
Estos muchachos no pueden ser ejemplo de nada. Muchos salen en la contra del diario. En Sucesos, donde se desarrollan los eventos policiales. En esas páginas han salido últimamente simpatizantes de Talleres y de Belgrano. Y no por sus actos de amor por la camiseta. Si no por actos delictivos. Portación de armas. Venta de drogas.
Cuando no están claras las normas, pasa lo que pasó el jueves pasado. Ojalá que hoy se viva sólo un partido de fútbol en el estadio de Atlético de Rafaela. Que sólo vayan los 2.700 hinchas de la “T” que compraron las entradas. Que no viajen los que no tengan boletos. Porque la pueden pasar mal. El riesgo que vuelvan los visitantes trae estos inconvenientes. En donde los barras hacen su negocio. A cualquier precio.
