Octavio Sosa Loyola: la responsabilidad como bandera
El defensor del último campeón del Doce y volante de Talleres, fue premiado como mejor zaguero del certamen televisado. Brilla adentro y afuera: además, es abanderado del colegio.
"Otto" podría engañar a cualquiera de la línea de cal para afuera. Pocos lograrían adivinar que ese pibe de mirada angelical y sonrisa enternecedora, cuando suena el pito se convierte en un perro de caza. Octavio Sosa Loyola, volante de 12 años de Talleres y defensor del Cinco Ríos, fue campeón con su colegio del último torneo televisado del Doce y se llevó el premio al mejor zaguero del campeonato.
Como buen jugador de truco, "Otto" dice que no tiene cuando en realidad le sobra y viceversa. Pone cara de nada antes del comienzo del partido y, cuando el juego empieza, en una muestra de carácter y temperamento se adueña del mediocampo. Es propiedad privada la mitad de la cancha y la defiende como su propia casa. Ordena, mete y distribuye con el oficio de un hombre maduro.
El torneo del Doce no es para cualquiera, pues la presión de jugar con hinchadas y la televisión no la soporta alguien que sólo posee destrezas técnicas. Pero “Otto”, en voz baja y como restándole importancia a la cuestión, confiesa que a él no le pesaron las características del certamen: “Me gustó mucho jugarlo. Salimos campeones, me premiaron a mí también. La verdad es que no me puso nervioso y me gustó que haya gente y que me hayan ido a ver. Es linda la presión, por eso me gusta mucho más jugar en un club que con el colegio”.
Ejemplo en todas partes. Sosa Loyola comenzó en Club Banco de Córdoba, a los 5 años, y hace dos que juega en la novena de Talleres. Pero defender la camiseta del Albiazul no es sólo cuestión de ganas: hay que ir a entrenarse de lunes a viernes, todas las semanas, y a eso "Otto" encontró cómo resolverlo.
Con la difícil misión de generarse un tiempo libre luego de la jornada de doble escolaridad, logró tener cierta libertad los lunes, día que en el colegio le dan por destacarse en el estudio. Es que quien está cursando su primer año del secundario, fue abanderado en la Primaria y así se ganó la confianza de los maestros.
-Sos abanderado, algo poco frecuente en los chicos que juegan al fútbol. ¿Te gusta el cole?
-(Risas) No. Bah, en realidad lo que no me gusta es que me interrumpe el fútbol. A mí me gustaría jugar todo el día a la pelota, pero sé que no se puede. Igual, en el colegio son buenos porque me dejan salir antes cuando necesito. Educación Física es la materia que más me gusta porque podemos hacer gimnasia.
La pelota nació en casa. Fue Guillermo quien llevó la pasión por el fútbol a casa de los Sosa Loyola. Y ese amor lo tomaron Octavio y Franco, el otro varón de 10 años que también juega en Talleres como volante.
"Los dos juegan en Talleres, ¡y yo soy fanático de Belgrano!", dice entre risas papá, que parece resignado a ver los suyos con la camiseta del Matador.
-Mirá si se les da y debutan en Primera junto con tu hermano…
-Yo soy hincha de River. Y sí, mi sueño es que podamos jugar con Franco en Primera los dos. Sería hermoso. Él también es mediocampista, igual que yo, capaz algún día se nos da.

