No hubo violencia pero los cánticos racistas empañaron el Belgrano-Talleres
Clásico privatizado. La mano de la empresa organizadora se vio en cada rincón del Mario Kempes. No hubo incidentes, pero sí cantos repudiables.
Al margen del folklore que adornó el clásico en las tribunas, hubo otro aspecto que diferenció al de anoche de los dos amistosos anteriores entre ambos, el clásico de la Amistad y el de la Copa Córdoba y fue el del celoso control en materia de seguridad que estableció la organizadora empresa Santa Mónica. En todos los rincones se advirtió la "privatización" del partido.
Una recorrida de Mundo D una hora antes del arranque del clásico, permitió refrendar que nadie pudo entrar sin su correspondiente entrada y que los habituales protocolos esta vez casi brillaron por su ausencia.
En el acceso de la hinchada de Belgrano, pudo verse a Lucas Rodríguez y a Gonzalo Habas Hachaché, jugadores de la selección para no videntes, quejarse porque no podían entrar al no tener invitaciones para personas con capacidades diferentes. Del lado de Talleres tampoco podían hacerlo la melliza Maribel Oviedo ni sus padres.
Desde la organización se aclaró que esas entradas estuvieron disponibles y debían retirarlas. Los cacheos fueron bien rigurosos. Inclusive los periodistas locales vieron impedido su ingreso a vestuarios antes del partido.
Incidentes no, cantos sí. Anoche no hubo problemas de seguridad, pero en el primer tiempo, hubo cantos discriminatorios de la hinchada albiazul y desde los altoparlantes y las pantallas se advirtió que si no se detenían se suspendía el juego.
El árbitro Pompei detuvo el partido por un minuto. Al final, Elias Bazzi dedicó gestos inapropiados a hinchas celestes.