No estamos listos para la tecnología
En varias competencias internacionales de fútbol se viene implementando la tecnología. Acá, por varios motivos, hoy sería de difícil implementación. ¿Por qué?
Si entendemos al fútbol como el principal deporte del mundo globalizado, resulta inentendible a esta altura de la historia prescindir de la ayuda de la tecnología para corregir algunos groseros errores de los árbitros. Hay experiencias en otros deportes donde los fallos arbitrales se ponen de rodillas ante la tecnología.
En disciplinas como el rugby y los principales torneos de tenis, la tecnología está a disposición de los jueces y muchas veces la “tele” o un chip corrigen lo que vio el ojo humano.
En el fútbol, hace años que se discute la implementación de estos sistemas pero él sector más ortodoxo y conservador de su dirigencia se niega sistemáticamente al desembarco de la tecnología. Pero, ¿cómo nos llevaríamos los argentinos, por ejemplo, con esta implementación?
Una de las cosas que hacen del fútbol el mejor deporte del mundo, es la espontaneidad con la que se resuelven las jugadas dentro del campo de juego y, en muchos casos, “la viveza” con la que algunos jugadores se las ingenian para hacer un gol, sin necesidad de llegar a la trampa.
En un país donde las canchas todavía tienen alambrado olímpico, donde los visitantes no pueden ir a las canchas en los principales torneos y donde el fútbol pasa de público a privado según el gobierno de turno, pensar en la tecnología suena a utópico.
¿Se imagina usted un partido de fútbol parado cinco minutos mientras el árbitro consulta con la cabina de control para determinar si fue penal o no? No, mejor no imaginárselo.
