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Mundial Brasil 2014: Me pasa

Uno de los enviados de Mundo D cuenta sus sensaciones en los días previos a la histórica final.

11 de julio de 2014 a las 10:06 a. m.
Redacción La Voz
Mundial Brasil 2014: Me pasa
(Foto: Sergio Cejas)

Me pasa que tengo la lágrima fácil. A punto de saltar. De tirarse al vacío. La emoción está ahí. Me pega un par de cachetazos fuertes. Me encanta sentir esto que siento.

¿Es el fútbol el que lo genera? No. Ni cerca. Es ver la cara de Messi. Un tipo que ganó todo y juega como un chico. Sufre como un chico. Festeja como un chico. Es ver a Mascherano. Desafiando a gigantes. Haciéndose enorme. Contagiando su amor por una causa. Como el Che. Pero él es "MasChe".

Es ver a tanto argentino siguiendo un sueño en Brasil. Recorriendo miles de kilómetros en las peligrosas rutas brasileñas. Con el peso o el real justo. Sin entradas. Con sólo la ilusión de pisar el mismo suelo que la selección.

Sentir, a la distancia, por fotos o videos o al escuchar la voz con los que hablo, lo que genera un partido de fútbol. Me corrijo. No es fútbol. Es identidad. Es pasión y orgullo por unos colores. Por una bandera, que la defienden 23 tipos dentro de un campo de juego corriendo una pelota, con la idea de un entrenador tranquilo, monocorde, que busca el bien común. El de todos.

Todo eso me pasa a la distancia. Con la emoción al borde de la lágrima. Que está a punto de saltar por todo lo que ha pasado en este inolvidable Mundial. El fútbol es una anécdota. Una excusa. Hoy encuentra a Argentina en la final. Comenzó en el Maracaná y terminará ahí el domingo. Uf, perdón. Esta lágrima que acaba de caer en el teclado no me deja terminar la idea que me sacude la cabeza desde hace un tiempo. ¿Será que se extraña estar con los seres queridos? Muchos me dicen cómo me gustaría estar ahí, en Brasil, viviendo todo esto. Lo disfruto, trabajando, es cierto. Pero a mí me pasa lo mismo cuando veo los festejos en nuestro país. Cómo me gustaría estar ahí, con mi hija Emma sobre los hombros, de la mano de mi mujer Mariana, mezclarme en la multitud y saltar de alegría. Y llorar. No parar de llorar por lo que estamos viendo y viviendo. Acá y allá.

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