Mundial Brasil 2014: la historia empieza en Porto Seguro
Después del triunfo con angustia sobre Irán, estaremos pendientes del juego con Nigeria, pero a miles de kilómetros.
Hay algo especial en el disfrute de un triunfo 1-0 con gol sobre la hora. Más si el autor es el máximo ídolo mundial y juega para tu equipo. Más si es en un Mundial en el que el golazo de "Lío" Messi allana todas las complicaciones que se asomaban en el horizonte de Argentina porque no podía ganarle a Irán.
Ahora la dejamos. Estaremos pendientes del juego con Nigeria en Porto Alegre pero a miles de kilómetros de distancia.
Porto Seguro, en el estado de Bahía, no sólo es una playa bellísima. También es el lugar donde comenzó la historia de este país-continente que atravesamos en motor home en interminables jornadas de viaje.
Los kilómetros se consumen pero cuesta alcanzar los destinos programados: para llegar a Porto Seguro desde Belo Horizonte hay que recorrer 934 kilómetros.
No es nada, claro, comparado con el espíritu de los aventureros del siglo XV que se pasaban meses sobre una cáscara de nuez y atravesaban océanos embravecidos sin otra ayuda que el viento. Y cuando éste se tomaba licencia, podían permanecer días enteros en el mismo lugar o avanzando de a metros a fuerza de remos.
En La vigilia del almirante, Augusto Roa Bastos cuenta las penurias de Colón en el Mar de los Sargazos hasta que, según dice el cuento histórico, Rodrigo de Triana vio algo distinto que ese lago inmóvil y gritó ¡tierra!, justo antes que la piara de convictos que Colón traía a bordo le saltara al cuello.
Todo esto ocurrió en 1492 y los españoles tenían un adversario que les discutía de igual a igual el dominio de los mares. El 22 de abril del 1500 (no se sabe muy bien por qué se tiende a usar la contracción en lugar de la preposición cuando los números son redondos a pesar de lo que mandan los manuales de estilo, pero debe ser así porque sale como si fuese natural.
Uno no dice “el” 1492, pero 2000 es “el 2000”) el navegante portugués Pedro Alvares Cabral posó sus botas en las arenas de Porto Seguro, generó el hecho que obligó al Papa a gestionar el tratado de Tordesillas y puso en marcha este país fenomenal de hoy.
Brasil, dueño de una historia económica y política singular, fue expoliado sin piedad desde entonces, primero por los serruchos que talaron el palo-brasil, origen de su denominación y prosperidad. Luego siguió la caña de azúcar con mano de obra esclava en Bahía, lo que la convirtió en capital del país hasta que el mulato Duarte Lopes descubrió oro por casualidad en Minais Gerais y desató la fiebre del oro que llevó la centralidad económica y política a Río de Janeiro, fundada en enero de 1502, de ahí su nombre.
Al oro siguió el café que hizo la prosperidad de San Pablo, después el cacao de Ilhéus y luego el caucho de Manaos que familiarizó con estos pagos a don Goodyear y a don Dunlop hasta que un moderno pirata inglés, Henry Wickman, sacó las semillas del país en forma clandestina y las diseminó por la península malaya, entonces colonia británica.
Vértigo de un país inmenso que va logrando por fin una articulación y amenaza con convertirse en potencia mundial.
