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Mateo Mazzuco, con el número en la cabeza

El volante de Universitario, además de destacarse como mediocampista, brilla en las matemáticas, con las que hoy participará de las Olimpiadas en La Falda.

28 de agosto de 2014 a las 09:46 a. m.
Mateo Mazzuco, con el número en la cabeza
Bomba. Mazzucco, diestro, le entra de lleno y cambia de frente.

Por cómo fija un objetivo sin desviar la mirada, pinta para detective. O explorador. De a ratos, su mundo se reduce a lo que su campo visual encierra: un rectángulo de césped ocupado por otros 21 jóvenes que hacen lo imposible por quedarse con una pelota. Mateo Mazzucco ni se inmuta cuando suena el pito y tiene puesta la camiseta número 5 de Universitario. La sangre empieza a levantar temperatura y las neuronas de quien hoy participará con el Parroquial San José de las Olimpiadas de Matemáticas en La Falda trabajan con un solo objetivo: hacer los deberes necesarios para recuperar el balón y distribuirlo.

Aunque gobierne la razón, el corazón no calla. Y por eso, cuando la “U” la pasa mal, al admirador de Javier Mascherano le cuesta hacer como si nada hubiese ocurrido. “Me enojo cuando las cosas salen mal y también con los árbitros. Algunas veces, me han echado por contestarles. No los insulto, pero sí me quejo. Igual, ahora ya casi no lo hago”, confiesa el volante central de 11 años.

Cuenta Natalia, la mamá, que el temperamento y esas ganas de jugar al fútbol las trae desde hace rato: “Desde la panza era inquieto. Me pisaba el fémur, las costillas, y yo decía \'va a ser futbolista\'. Es un poquito ansioso y perfeccionista, por eso a veces parece intolerante. En la cancha les habla a los compañeros, no se permite una equivocación. Entonces, si comete un error a veces sale de la cancha llorando. Pero es un placer verlo: tiene sangre caliente y lo demuestra en el fútbol, pero a su vez es un dulce que nos mata a besos”.

Poco le importa a cuántos tenga que marcar o si, por momentos, en la mitad de la cancha está solo. Supo, apenas llegado al mundo, lo que era extrañar. Su papá debió viajar a Italia cuando nació y se conocieron recién a los cuatro meses.

"Me fui por trabajo, no me quedaba otra. Fue muy duro estar allá, saber que había nacido mi hijo y no poder verlo", confiesa Marco, también padre de Candela.

-El partido más lindo y el más feo que recuerdes…- Uno que me puso muy contento fue contra Instituto, el año pasado. Les ganamos y salimos subcampeones. Y el más feo... varios. Por cómo jugamos o por cómo perdimos, me enojé en varios y me fui molesto. Cuando no te salen las cosas es feo.

Le dan miedo las películas de terror y de plato principal ordena hamburguesas o “las fajitas que hace mi mamá”. Este patrón del mediocampo nacido en 2003 recién cursa el sexto grado del colegio primario, pero ya mira hacia delante sin detenerse.

Como cuando cumple su ritual al ingresar a la cancha de tocar el suelo, persignarse y “que pase lo que pase”, habla del mañana con el mismo optimismo que corre cada metro de las canchas de la Liga Cordobesa.

- ¿Y el día de mañana: futbolista o qué?- Me gusta la arquitectura, pero mi sueño es jugar en Europa: en el Barcelona o en el Real Madrid. Si es Argentina, me encantaría hacerlo en un club grande. Ya se verá con el tiempo, pero yo quiero ser jugador de fútbol.Uno, dos y tres. Mateo cuenta con los dedos de la mano y menciona a quienes lo acompañan en el descubrimiento de ese mundo exterior que se encuentra de la puerta de casa hacia fuera.

Los une, además de la escuela, la misma pasión. “Mis mejores amigos son Tomás, Benjamín y Luca. Los tres vamos al mismo colegio y todos jugamos al fútbol”, cuenta Mateo y el rostro le cambia al hablar de ellos. Sonríe.

Como cuando escucha que golpean la puerta para ir al club. Como cuando la maestra de matemáticas dicta un ejercicio y él, en su cabeza, ya lo tiene resuelto. Como cuando le preguntan qué quiere ser el día de mañana y él, por dentro, se ve un “5” tatuado en la espalda.