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Más allá de una derrota

Un buen técnico no sólo fogonea el espíritu de sus jugadores y muere con su sistema de juego.

06 de julio de 2010 a las 08:29 a. m.
Enrique Vivanco
Más allá de una derrota
Dos DT, dos formas de trabajo. Löw estudió a Argentina y supo cómo neutralizar a los mejores jugadores rivales. Maradona nunca aceptó que tenía a su equipo partido al medio. // Foto: AP

La eliminación de Argentina hizo proliferar recetas de triunfo de todo tipo, incluidas las mágicas. Las inmediatas, y por eso más numerosas,  explican los mecanismos que intentan dar vuelta lo irreversible. Pero no habrá caso. El 0 a 4 será tan tangible hoy como dentro de 50 años.¿Que qué hubiera pasado si Alemania no hacía un gol tan temprano..? Que debería haber entrado Juan Sebastián Verón; que tendría que haber salido rápido Nicolás Otamendi; que esto y lo otro, y lo de más allá...Estas preguntas son la antesala de otra polémica, igual de específica, pero de magnitud mucho más importante por la envergadura del protagonista: Diego Maradona. ¿Debe seguir o no?

Detrás de esto, se esconde esperando ser descubierto y analizado un tema mucho más profundo que lo coyuntural vinculado a un resultado opresivo y a una gran figura del fútbol mundial.

La cuestión a debatir es por qué Argentina, uno de los dos "yacimientos futboleros" más prolíficos del mundo (junto a Brasil), ha reculado en distintos tramos de los mundiales en los últimos 20 años.

Argentina jugó con Lionel Messi y con Carlos Tevez; con Diego Milito y Gonzalo Higuaín; con Sergio Agüero o Javier Mascherano. Y antes con Juan Román Riquelme. Y antes y ahora con Verón, el que en 2002 era considerado el mejor jugador del mundo tal como sucede hoy con Messi.

¿Por qué Argentina se derrumba si tiene supuestamente algunos de los mejores jugadores del mundo? ¿O será que el apelativo sobredimensiona a quienes sólo son muy buenos futbolistas? ¿U ocurrirá que esa equivocación influye para que la idea primaria en el fútbol de este país privilegie lo individual a lo colectivo?

De eso se agarró Maradona para armar su equipo y largarlo a la cancha. De eso también se valió Basile en sus dos gestiones con la selección argentina. Y muchos defensores más de esa idea, que la defienden a rajatabla.

Joachim Löw, técnico germano, desmenuzó hasta pedagógicamente el planteo de Alemania para neutralizar a Argentina. Dijo algo así: "A los jugadores de arriba no les gusta defender. Argentina es un equipo dividido entre defensa y ataque. Esa fue la clave para controlar el medio campo". Y sobre las virtudes de su equipo, manifestó: "Fue una combinación de altísima disciplina y de voluntad de correr".Alemania analizó el partido, armó una estrategia, distribuyó tácticamente a sus futbolistas, y los mandó a la cancha con un mensaje claro y preciso para vencer "al favorito", al equipo que tenía los mejores jugadores.Es sabido que en la alta competencia el descompromiso grupal de un jugador produce un descalabro mayúsculo en su equipo y una ventaja generosa para su adversario. Pero no puede achacarse al deseo irrefrenable de atacar y no de defender de los delanteros argentinos el único motivo de la derrota. En todo caso, Maradona quizá no advirtió la endeblez de su estructura frente a semejante poder de fuego germano.

Especulaciones al margen, queda comprendido, tras esta goleada alemana, que un buen técnico no sólo fogonea el espíritu de sus jugadores o muere con su sistema de juego preferido, sino que evalúa errores y defectos de sus adversarios y los desnuda ante sus dirigidos para potenciarles sus propias virtudes.

Pero no hay una sola causa para explicar las eliminaciones en los últimos cinco mundiales. Bielsa sucumbió con su ideario; Pekerman, igual; Passarella, otro tanto. Sí no hay una fórmula única para la victoria, tampoco la hay para explicar la derrota. Lo seguro es que desde 1998 Argentina no le gana (fue ante Inglaterra, por penales, en octavos de final) a una selección importante en un Mundial. Eso tal vez obligue a pensar qué hay que cambiar para acercarnos otra vez a quienes sí sostienen la coronita.