Maradona, te amo, te odio, dame más...
Maradona es de ese tipo de personas a las que se las quiere o no se las aguanta, pero es un hombre que siempre genera sentimientos encontrados.
Quiero contarles una buena historia, la de "un chico" que vive la euforia de ser parte del "fútbol" tomando té de peperina... Cambiando algunas palabras del inicio de la canción Peperina de Charly García, la historia de Diego Maradona con el pueblo argentino es como dice el estribillo: "Te amo, te odio, dame más...".
A Maradona se lo ama por el título juvenil del '79, por la Copa levantada en el '86, por los dos goles a los ingleses en México, por ser el mejor jugador del mundo, por llegar a la final del '90 con el tobillo hecho pelota y las lágrimas del final, por el sacrificio que hizo para volver a jugar y llevarnos al Mundial '94, por sublevarse siempre al poder (desde la Fifa hasta el Papa) sin medir las consecuencias, por abrazar con tanto cariño a los jugadores de la selección, por su amor incondicional por sus hijas Dalma y Giannina y su nieto Benjamín, por no tener filtro y decir lo que se le viene a la cabeza.
Entre otras cosas, por eso se lo ama.
A Maradona se lo odia por destruir su vida con las drogas, por no cuidar su salud, por el doping positivo en el Mundial '94, por su soberbia ("los periodistas deberían pedir disculpas"), por su descalificación permanente ("qué pregunta tonta...", o "si tenés un proyecto, presentalo en la AFA"), porque se desubica hasta rayar lo maleducado ("que la sigan chupando..."), por no tener autocrítica ni aceptar críticas (siempre está a la defensiva y buscando enemigos, casi siempre en la prensa), por no tener filtro y decir lo que se le viene a la cabeza. Entre otras cosas, por eso se lo odia.
Sin embargo, a Maradona siempre se le pedirá más. Por todo eso, como la Peperina de Charly, a Diego se lo ama, se lo odia, y siempre se le pedirá más, mucho más...
