Luis Oliveto: Se acabaron los corderitos que apoyaban cualquier iniciativa
La era post-Grondona analizada bajo la óptica del exárbitro (que se niega a ser un ex). Oliveto cuestiona la estructura del fútbol argentino. “Hay que barajar y dar de nuevo”, dijo. Además, se opone al uso de la tecnología.
"No hay ningún problema. Mucho menos si es algo de fútbol y rock, dos pasiones desde siempre". Esa fue la respuesta al mensaje privado por Facebook que le envió este cronista a Luis Oliveto, el árbitro que dejó de dirigir en octubre de 1997 pero que se niega a que lo llamen "ex" porque, dice, "cuando se abrazan las reglas del arbitraje son para siempre".Será por aquello que este porteño nacido el Día de la Bandera de 1954 se dedique a dar clases sobre Reglamento de Fútbol y brindar cursos de árbitro. En sus respuestas, Oliveto se muestra atento a cuestiones sociales y culturales que trascienden el ámbito futbolero.
“En relación a la tarea social, hace algunos años tuve la oportunidad de acercarle un proyecto a Alejandro Rodríguez, secretario de Deportes de la Provincia de Buenos Aires, para brindar cursos a los internos dentro de los penales. Una vez aprobado, lo pude desarrollar junto a mi amigo Luis Belatti con buen afluente de alumnos”, explica Oliveto.
“El motivo era simple y se basaba en algunas aristas fundamentales. Primero, las personas que están privadas de libertad es porque desconocen las leyes que hay que cumplir en toda sociedad y enseñarles reglas de juego significa hacerles entender que hay normas mínimas que hay que cumplir. Segundo, para los que aprobaban el curso y recuperaban su libertad tendrían una salida laboral. De hecho ya hay siete internos que dejaron atrás su pasado y están dirigiendo en diferentes torneos privados”, agrega.
Oliveto explica que el proyecto surgió después de una visita que hizo con algunos jugadores al penal de Ezeiza y, allí, un preso pronto a recuperar la libertad le pidió trabajo.
“Empecé a averiguar y me fue dificultoso. Con antecedentes policiales negativos es prácticamente imposible que lo tomen en algún lugar. Esto produce un círculo vicioso: el interno sale, busca trabajo, no se lo dan, vuelve a delinquir para poder vivir. Así nunca se reinserta en la sociedad y eso genera la reincidencia en el delito.
–¿Por qué dejaste el arbitraje?–Todo lo que veía que sucedía dentro de la AFA en general y en el arbitraje me asqueó. Me quedaban siete años (se fue a los 43 años) y como árbitro internacional podés seguir hasta los 50. A los 45 dejás de ser internacional pero seguís cobrando como si lo fueras. Veía que todo lo que pasaba no era lo yo esperaba para el arbitraje argentino. La política, el amiguismo, la falta de claridad en muchas cosas hicieron que tomara la decisión.
–¿Cómo ves el arbitraje actual?–La pregunta la tenés que ver desde dos ángulos. Dirigir en el fútbol argentino es muy difícil si lo comparás con otras ligas. Si pensás en el nivel tomando en cuenta una sociedad mil por ciento futbolística es realmente bajo. Ahora, si lo comparás con otras ligas está entre los mejores del mundo. La prueba la tuvimos en el Mundial de Brasil. Para ese evento iba a ir Patricio Loustau hasta que le tocó el fatídico Boca-River. Luego, Diego Abal y finalmente apareció Néstor Pitana. Tomando en consideración lo lamentable de los arbitrajes en ese mundial, Pitana fue uno de los mejores o de los que menos equivocaciones tuvo. El árbitro que estaba tercero en nuestra lista fue mucho mejor que los otros árbitros y eso ratifica mi opinión sobre el nivel del árbitro argentino.
–No hay fecha que no termine con alguna polémica y sos de la época en la que la TV no influía tanto.–Soy de la época en que se empezó a masificar la televisación de los partidos y donde se hacían consideraciones arbitrales constantemente. Eso nos hizo competir con las cámaras, nos hizo elevar nuestra nivel cada día más para evitar ser castigados los domingos a la noche, más allá que periodísticamente los fundamentos reglamentarios dejaban mucho que desear, como en el presente. Tal fue el tema que los jueces de línea hasta apostaban para ver quién se equivocaba menos en el litigioso y difícil offside, la jugada más complicada.
–¿Tecnología o humanización del arbitraje?–No es una cuestión de humanizar el arbitraje sino de tener un poquito de cerebro como para poder razonar convenientemente. Hay demasiadas razones para estar en contra de incorporar la tecnología. En primer lugar, porque el error humano es parte integrante del propio deporte. En segundo lugar, podríamos poner algunos ejemplos como ser penales y goles cuestionados que podrían resolverse a través de la tecnología, en ese caso el tema se dividiría en dos: si el árbitro sanciona dos tiros libres equivocadamente fuera del área, hechos que no se verificarían a través de la tecnología, y de ahí llegaran los dos goles que definen el partido, ¿dónde te metés las cámaras? Por otro lado, si algunos fallos fuesen revisados por las cámaras y se harían notorios los errores arbitrales ¿cómo sigue el árbitro teniendo credibilidad? Además, habría que preguntarse si se justifica una inversión de tamaña magnitud para constatar si en alguno de los miles de partidos no se convalida un gol legítimo. A mí me parece que es una grosería.
"Hace mucho tiempo que no salen árbitros con la capacidad suficiente como sí lo había en otras épocas y eso me parece que le quita responsabilidad a los árbitros y es de exclusiva incumbencia de los que lo forman".
–¿Qué tiene que cambiar en el arbitraje y en el fútbol argentino?–Sobre el arbitraje tiene que cambiar la mentalidad de la AFA y darle la importancia que tiene. Si bien es imposible que todos sancionen lo mismo porque todas las jugadas son diferentes entre sí y los árbitros son personas con distintas capacidades de interpretación, se puede llegar a tener un plantel que mantenga una cierta armonía. En AFA convivieron Javier Castrilli y Francisco Lamolina que eran antagónicos aunque tenían ambos buena receptividad de parte de la sociedad futbolística, eso ya no puede suceder. Con respecto al fútbol en general deberían cambiar muchísimas cosas, empezando por la economía de los clubes. Es imposible poder legitimar las deudas que tienen sin tener una solución al problema y ni siquiera una mínima sanción. Los clubes deben estar al día y si no pueden comprar o contratar jugadores de nivel o pagar sueldos inalcanzables deberían jugar con los juveniles hasta que los números cierren, aunque eso signifique el descenso. También habría que verificar el estado de los estadios, su capacidad, sus comodidades, los horarios de partidos, estos campeonatos de 30 equipos impresentables.
En una palabra, hay que barajar y dar de nuevo en todo sentido y lo principal es en la constitución del Comité Ejecutivo, donde debería haber representantes de todas las patas: dirigentes, jugadores, técnicos y árbitros para que todos los actores tengan voz y voto en las decisiones.
–Muerto Grondona, ¿se acabó la rabia?–Por lo que se ve hasta ahora se acabaron los corderitos que cada vez que hablaban levantaban las dos manos apoyando cualquier iniciativa. Ahora escucho a algunos grandes dirigentes que hablan de los desaguisados que hubo pero que en su momento apoyaron. Me causan verdadero asco, son patéticos. Ahora se hacen los lobos feroces.
El rock, su otra pasión
Oliveto es un cliente más del mítico bar La Perla del Once, donde Tanguito y Litto Nebbia compusieron La Balsa y donde actualmente se realizan recitales íntimos de bandas fundacionales del rock argentino.
"Prácticamente nací con el flower power allá por la década del '60. Paz y amor. El rock era parte de ese sistema social que comenzaba a gestarse y es parte de mi vida desde siempre. Tengo recuerdos imborrables de los grandes recitales que disfruté desde chico como Los Gatos Salvajes, Los Gatos, Almendra, Vox Dei, Manal, Alma y Vida, Aquelarre, Pappo's Blues, Pedro y Pablo. Hoy, gracias a ese gran baterista y amigo Rodolfo García (ex-Almendra y Aquelarre), La Perla volvió a ser un lugar de reunión obligado y puedo volver a deleitarme con las grandes bandas con las cuales me inicié en este camino. –Las hinchadas entonan canciones del rock.–Lo que me preocupa no es que en el fútbol haya cosas del rock, lo preocupante es que el rock se futbolizó.