Los Piratas se armaron un fiestón
Cierre histórico. El público de Belgrano vibró por el triunfo y por la gran campaña de 2012.
¿Querían fiesta los hinchas de Belgrano? Tuvieron fiesta y qué fiestón armó la cofradía celeste que integran hinchas, dirigentes, jugadores y cuerpo técnico. Mucho antes del partido, cuando faltaba algo más de media hora para el juego, las tribunas del Mario Kempes ya anticipaban el partido, la despedida de la "B" del Torneo Inicial, la Navidad, el Año Nuevo y el Carnaval. Era el día de los festejos, del reconocimiento, del premio a todo lo que hizo el club en un año que quedará en la historia. Otro año, como el 2011, el del ascenso con River.
En el playón del sector Sur, debajo de la tribuna Luis Fabián Artime, una banda de más de 400 hinchas (el núcleo duro de la hinchada) se organizaba a las órdenes de un cabecilla. "Primero los bombos, después los tambores, al medio los vientos (las trompetas), al final las banderas", decía y todos obedecían. El canto no era otro que el nuevo hit de los Piratas: "Gracias Belgrano, gracias jugadores por esta campaña, esta es tu hinchada la que te agradece con el corazón. La misma gente que estuvo presente en todas las canchas, no cambia nada si no das la vuelta ni salís campeón. ¡Ay, qué loco que estoy! Por Belgrano! ¡Ay, qué loco que estoy! No cambio más. Sigo alentando que en Alberdi todo el año es carnaval!".
En medio de aquel tumulto, Ivana Maritano, nacida en Tierra de Fuego, fotógrafa profesional y apasionada del Pirata, guardaba en su cámara cada momento. “Esto es bárbaro”, dijo. “Son buenos muchachos. Tanto que recién se me cayó el celular, justo el nuevo, que cambié hace una semana, y varios chicos me ayudaron a buscarlo. Lo encontraron y me lo dieron. Eso no pasa en todos lados”, siguió Ivana en un intento de desmitificar la imagen que tienen estos hinchas. Pasó el susto de Ivana, y la fiesta en la tribuna continuaba.
Casi simultáneamente a la salida del equipo se produjo el ingreso de esa porción de barra, aunque las tribunas ya albergaban a 40 mil almas. En ese momento hubiera hecho falta un sismógrafo para medir la intensidad del movimiento del cemento. Temblaba el Kempes, se movían sus escalones, se movía la gente, se acomodaban, sacaban fotos, grababan videítos para inmortalizar ese momento histórico: el mejor de Belgrano en torneos cortos de Primera División.
Para ser objetivo, habría que decir que el partido importaba poco, casi nada. De no ser por algún insulto al árbitro Federico Beligoy o alguna que otra puteada a Leandro Desábato cada vez que le entraba duro a Lucas Melano o César Pereyra, casi que a pocos le interesaba el juego. Hasta me animaría a decir que se jugó por compromiso, por más que el triunfo le sirvió al Pirata para marcar otro hito en su rica historia. Pero cómo está visto que éste Belgrano no sabe de consuelos y se emparenta con lo épico, a los 42 minutos del segundo tiempo, Claudio Pérez pateó otra vez con maestría un penal para poner un palito en el marcador del local. Justo "el Chiqui" le dio al Celeste un triunfo gigante.
Era lo que faltaba para que la fiesta fuera completa y la alegría se extendiera por casi toda la ciudad al grito de “nos fuimos de la B para nunca más volver”. Y tienen razón los que cantan eso, porque a este paso deportivo e institucional, hoy la B Nacional es un pasado lejano, remoto.
Después, la historia conocida: más cantos, más abrazos, más banderas y un cierre a puro fuegos artificiales. Belgrano lo hizo. Belgrano se lo merece. Que siga encendida la llama.