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Los chicos se pusieron nerviosos

Los jugadores de novena división de River y Boca terminaron a las trompadas (y patadas) en un partido jugado en Ezeiza. Todo fue por un penal que cobró el ábitro a favor del "Millo".

15 de agosto de 2009 a las 02:32 p. m.
Los chicos se pusieron nerviosos

Una mañana de furia se vivió en el predio que River posee en Ezeiza, durante un superclásico de novena división que terminó con una gresca generalizada entre los jugadores de la Banda y Boca, entre los que se encontraba el hijo del entrenador de San Lorenzo, Diego Simeone.

La violencia comenzó cuando el árbitro del partido, Fernando Broin, sancionó un penal a favor de los millonarios en tiempo de descuento.

En ese momento, comenzaron las discusiones, los empujones y, posteriormente, los golpes y las patadas entre los juveniles de ambos clubes.

La peor parte de los incidentes se la llevaron los xeneizes Ricardo Cabrera y Carlos Aguirre, quienes se retiraron del campo con sus rostros ensangrentados.

Curiosa medida adoptó el árbitro Broin, quien mandó a retirar a todos los jugadores hacia los vestuarios, pero dejó en el campo al arquero de Boca y a un jugador de River para que ejecutara el penal de la polémica, que selló el resultado final de 2-2, luego de que Boca fuera ganando por 2-0.

Del encuentro participó Giovanni Simeone, hijo del entrenador de San Lorenzo, quien ingresó cuando su equipo perdía por 2-0. Su madre, la ex modelo Carolina Baldini, siguió la actuación de su hijo desde las tribunas.