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Lionel Messi ya no es tan imprescindible

24 de noviembre de 2015 a las 11:27 a. m.
Lionel Messi ya no es tan imprescindible
Dybala es uno de los que se sumó al poderío ofensivo de Argentina. (Foto: AP)

Barcelona volvió a demostrar que se puede jugar en una cancha de 110 por 70 metros como si fuera en una canchita de fútbol 5. Toque y evolución; taco y remate; gambeta y caño. Y gol. Muchos goles. El menú fue completo, pantagruélico, con los cubiertos de oro de un anfitrión incrédulo y aturdido, en la misma casa del club más poderoso del mundo.

El equipo catalán no pudo, sin embargo, hacer cinco goles como los hizo aquella expresión conducida por Josep Guardiola frente al Real Madrid de un atribulado José Mourinho, un 29 de noviembre de 2010, en una de las más bellas actuaciones vistas en un clásico nacional.

Aquella vez, Messi, quien curiosamente no firmó ningún gol, en el apogeo de su carrera, lideró con ­cabeza y pie maestros a sus com­pañeros, con asistencias perfectas para el Guaje Villa en dos de los ­cinco tantos, que pudieron ser muchos más.

En este 4 a 0 a la formación de "Rafa" Benítez, Messi apareció recién en el último tercio del encuentro, con el trámite resuelto y los tiempos y los espacios ideales para un regreso tranquilo y feliz después de dos meses de ausencia. Sus compañeros ya habían hecho muy bien su trabajo.

Esta goleada, a diferencia de la de cinco años atrás, no tuvo a Messi como gran protagonista. Esa hibernación obligada del crack por una lesión le dio paso a la autogestión y a mayores previsiones colectivas en un equipo que curiosamente potenció la labor de Neymar y de Suárez, “libres” de la compañía acaparadora de “La Pulga”.

En ese sentido, los números son elocuentes. Entre el uruguayo y el brasileño han anotado 28 goles, 14 cada uno entre la Liga Española y la actual edición de la Liga de Campeones. Lejos de sentir la ausencia de Messi, han reafirmado la vigencia y el poder de sus dotes.

Sin él, sin Agüero y sin Tevez, Argentina se las arregló para empatar contra Brasil en el estadio Monumental

Sin la excelencia de estos dos, pero con datos alentadores, los delanteros argentinos tampoco padecieron la inasistencia del rosarino en los dos últimos encuentros de la selección albiceleste en las eliminatorias sudamericanas. Sin él, sin Agüero y sin Tevez, Argentina se las arregló para empatar contra Brasil en el estadio Monumental y para ganarle con mucha autoridad a Colombia en el Metropolitano de Barranquilla.

Este dato demuestra que, si bien Messi le agrega una cuota invalorable de brillo y contundencia al juego y determina muchas veces el resultado de los partidos, la existencia de futbolistas igualmente consagrados no torna imprescindible su presencia para encarar grandes objetivos. Para tranquilidad del Barcelona, esa verdadera selección mundial (en el Bernabéu todos sus integrantes eran representantes de sus selecciones nacionales) ya aprobó largamente el examen de salir airoso sin su ídolo máximo.

Esa señal probablemente haya sido analizada por Gerardo Martino. Obligado por la ausencia de su as de espada, releyó y cambió los contenidos defensivos de su equipo ­para transformarlo mínimamente en una estructura más cerrada, un tanto más sólida, distante de la flexible y vulnerable que puso el pie en Núñez en el partido inaugural ante Ecuador.

Sin Agüero, sin Tevez y sin Messi, pocos afectos al retroceso organizado, Martino recurrió a delanteros “trabajadores” como Ángel Di María y Ezequiel Lavezzi y a toda una estructura que acompañó a Gonzalo Higuaín en el difícil trance de ser el único delantero de punta.

También, derivada de esa circunstancia, Martino miró a los costados, descubrió frutos casi maduros e hizo saltar a la cancha a Paulo Dybala. Y así como le tocó al nacido en Laguna Larga, en similares instancias, le tocará a otra figura en ascenso.

Esta ausencia de Messi ampara la idea de que la renovación incesante del fútbol tiene la velocidad de un Fórmula Uno y que no respeta trayectorias, premios ni ausencias prolongadas, y que las personas son tan imprescindibles según sea el entorno en el que se desenvuelvan. Barcelona, máxima expresión futbolística de este siglo, demostró sacarse la pesada mochila de poder salir a flote sin el mejor jugador del mundo. Argentina, sin tanta grandeza aun siendo subcampeona mundial, en ese mismo tema parece haber encontrado la punta del ovillo. Aunque ojo. A no equivocarse. A la “la Pulga”, aunque ya no parezca tan imprescindible, siempre se la estará esperando con los brazos abiertos.

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