Las dos realidades del fútbol argentino
En el fútbol argentino conviven dos realidades que juegan una pulseada a diario para ver cuál es más fuerte. El análisis de Joaquín Balbis.
En el fútbol argentino conviven dos realidades que juegan una pulseada a diario para ver cuál es más fuerte. Por un lado, hay un perfil que emociona, que vale la pena vivir, que invita a ir a la cancha, que sugiere tiempos mejores.
El fin de semana hubo algunas muestras gratis de esta esperanza. Una sucedió ayer en el estadio de Huracán, con el recibimiento de lágrimas provocar que le hizo la hinchada local a Ángel Cappa.
El hoy entrenador de River debe haber cumplido el sueño de cualquier técnico: ser recibido por su ex club como un héroe, con una demostración de cariño poco habitual. Cappa no pudo dejar un título en el Globo, sino que enarboló una forma de sentir el fútbol que los hinchas “quemeros” agradecerán por siempre a él y a todo su cuerpo técnico, aunque se les haya atragantado una vuelta olímpica.
En Boca también sucedió algo rescatable el sábado. Aunque a muchos pueda hacerles ruido que Juan Román Riquelme haya demorado tanto en firmar su contrato porque no arreglaba los números y las cuestiones impositivas, la Bombonera le tributó al enganche un recibimiento digno de un ídolo.
Aunque no es el escenario indicado, a más de uno se le habrá puesto la piel de gallina al ver a Román besarse la camiseta.
¿Cuánto extrañan y necesitan los clubes tener referentes futbolísticos como Cappa o Román? A esas sensaciones vividas en Parque Patricios y La Boca habría que sumarles otros síntomas de ese fútbol que resiste: la vigencia de Vélez y Estudiantes, basada en la organización de dos modelos que son dignos de analizar; la solidez de Banfield; la ilusión, con escasos fundamentos aún, de Racing; los primeros 30 minutos de River ayer; las intenciones de individualidades que todavía jerarquizan nuestras canchas.
Claro, del otro lado, del negativo, todavía hay cientos de aspectos por corregir. Entre ellos, uno fundamental, es el nivel de un campeonato que empezó demasiado tranquilo, con la mayoría de los equipos todavía en formación, con partidos poco atractivos y con algunos clubes con catarata de incorporaciones.
Sólo alcanza con ver el bodrio del primer tiempo entre Boca y Racing o el flojísimo segundo en Huracán-River.
Y si esto que atañe sólo al juego no es suficiente, habría que reparar, por ejemplo, en el impresentable pedido que realizó Hinchadas Unidas Argentinas de ser acomodadores en los estadios o en la visita que las dos facciones de la barra de Estudiantes realizaron al plantel, ambos hechos ocurridos la semana pasada.
Así está el fútbol por estas tierras. Tironeado por una lucha interna que no le da paz.
