La vida no se va en el superclásico
La organización del superclásico supone un alto compromiso y los hinchas deberán demostrar, una vez más, que en Córdoba se puede.
Por estas horas los hinchas de Belgrano y Talleres viven con un alto grado de ansiedad la llegada del superclásico que amistosamente jugarán el próximo sábado en el Mario Alberto Kempes. Es un motivo de fiesta para las tribus celestes y albiazules porque después de más de 12 años vuelven a jugar un partido con los dos equipos en la Primera División.
Belgrano porque consiguió el ascenso hace cinco años en la ya histórica promoción en el Monumental ante River Plate.
Talleres porque luego de timonear en mares oscuros durante 12 años en la B Nacional y en el Argentino A, logró el tan anseado regreso a la Primera División.
Las largas colas para hacerse socios y las convocatorias en los dos amistosos que jugaron Belgrano el viernes a la mañana en el Gigante ante San Martín de San Juan; y Talleres el sábado, en el Kempes ante el Everton chileno, son un síntoma de que algo está por pasar.
Los hinchas piratas metieron 12 mil personas y Talleres 15 mil en amistosos preparatorios y las dos parcialidades pensaban más en lo que se viene (el superclásico del 23) que en lo que realmente estaban viendo en la cancha.
Además de la importancia de jugar este gran partido, lo atractivo es que otra vez Córdoba pone en cancha a dos de los equipos más populares del país y lo hace con las dos parcialidades.
Todo un reto organizativo mientras persiste en el tiempo la rídicula prohibición de hinchas visitantes en las principales categorías del fútbol argentino.
No es la primera vez que sucede entre celestes y albiazules. Ya pasó en otros amistosos y tuvo su gran prueba de fuego en la Copa Argentina el 13 de marzo de 2013, cuando Talleres eliminó a Belgrano con el recordado gol de Gastón Bottino.
No son muchas las veces que en Argentina se pueden ver a dos grandes equipos con las dos hinchadas. Pasa en la Copa Libertadores, donde no aplica la norma de la AFA y pasa también en la Copa Argentina, donde la prohibición no existe aunque se trate del mismo ente organizador de los torneos locales.
En Tucumán, por ejemplo, Atlético y San Martín juegan dos veces al año, uno en cada cancha y sólo con público local.
La realización del superclásico del próximo sábado exige un alto compromiso organizativo pero además un deber de los hinchas que deberán mostrar, una vez más, su grado de adultez, como viene sucediendo en los últimos años cada vez que hay un clásico en esta ciudad.
La vida no se va en un clásico, mucho menos en un partido de fútbol.
Hoy la ansiedad atrapa a hinchas de uno y otro equipo, sobretodo cuando falta un mes para que comience el torneo oficial. Salvo Belgrano, que el miércoles 27 enfrenta a Brown de Adrogué por la Copa Argentina, Talleres deberá esperar sí o sí hasta que empiece el torneo de Primera y sus hinchas deberán calmar su ansiedad con el partido del próximo sábado y algunos otros amistosos hasta que le toque decir presente nuevamente en la máxima categoría.

