La selección, un equipo luchador y saca-partidos
Messi y los delanteros corriendo venezolanos fue una imagen de la Argentina más combativa que se recuerde.
La Argentina que juega lindo, esa que tiene a Messi tirando fantasías con sus compañeros, no está en Brasil. Hay otra selección. Una combativa, lista para afrontar incomodidades, tolerando lapsos sin posesión, apelando a oportunismos y al temple en mano a mano de sus jugadores en diferentes sectores del campo.
Hay una Argentina sin construir que se reconstruyó con el 2-0 a Qatar. Hay una Argentina como la que se vio ayer con Venezuela, con otro 2-0 laburado, sin chiches, sin purpurina. Fue un Argentina-Venezuela de estos tiempos.
Ya no queda nada de aquellos duelos en los que había que apostar cuántos goles metían los de celeste y blanco. Esa Argentina de postura recia se metió en las semifinales. Hace unos días no sabía si entraba a cuartos. Ahora sabe que el martes va contra Brasil.
Hay una Argentina sin construir que se reconstruyó con el 2-0 a Qatar. Hay una Argentina como la que se vio ayer con Venezuela, con otro 2-0 laburado, sin chiches, sin purpurina. Fue un Argentina-Venezuela de estos tiempos. #CopaAmerica
— Seba Roggero (@SebaRoggero) June 28, 2019
Lo que pasó en el Maracaná
Argentina disfrutó de otro arranque furioso. Lo tuvo con Colombia, también con Paraguay y en ambos casos no marcó. Lo tuvo con Qatar y con Venezuela y sí marcó. Como contra los asiáticos, el que adelantó al seleccionado fue Lautaro. Luego de un remate de Agüero, el punta del Inter definió de taco a los 10 minutos.
Lo que iba a venir no fue un trámite para que Argentina lo llevara de taco. Nada que ver. El equipo de Lionel Scaloni perdió posesión y tenencia, y se le adelantó Venezuela. No lo suficiente como para contar una situación clara de gol. Apenas un cabezazo de Jhon Chancellor luego de una pelota parada.
La selección argentina tampoco llegó más. Messi no encontró espacios, se la pasó reclamando faltas y yendo al choque. Lo poco que creó Argentina fue obra (y arte) de Lautaro, que estuvo on fire, chocando con todos, hasta con Dudamel para ir a buscar una pelota al lateral.
El primer tiempo dejó esa foto instalada: un arranque a pleno y un trámite a plena lucha.
En el inicio del segundo tiempo, Argentina siguió sin encontrar la pelota. Sin embargo, en defensa no pasaba apuros.
Sí llamó la atención el cambio de Scaloni: sacó a Lautaro. Y después salió Acuña. Los ingresos de Di María y Lo Celso pretendieron posición y posesión. No lo consiguieron rápido. Es más, Venezuela sí alcanzó la profundidad que no había tenido. Al punto de poner por primera vez a un jugador mano a mano con Armani (que tapó genial).
Pero un rato de presencia en el campo adversario le bastó a Argentina para resolver la historia. De Paul quitó una pelota, encaró, abrió para Agüero, que hizo la de delantero: amagó al pase y remató. El arquero Fariñez hizo lo que pudo, dejó el rebote y la empujó Lo Celso para el 2-0 a los 29.
El Maracaná se argentinizó después de ese drama destrabado. Scaloni había asumido el partido con un respeto enorme para quienes les habían pegado el gran cachetazo de su ciclo preparatorio en Madrid. Y actuó en consecuencia. Se asumió menos, puso a jugadores para hacer cosas que habitualmente no hacen. No quería ninguna sorpresa y no la tuvo. Desactivó a la Venezuela más picante que se recuerde en la historia. Claro que siendo Argentina queda esa postal de Messi y Agüero corriendo venezolanos y no tirando fantasías.
Seguro se vuelva a ver esa imagen en lo que viene: la “final” en la semifinal con Brasil.