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La reina de los tres palos

Carla Di Rienzo. A los ocho años, la arquera de la 2006/07 de Las Liebres rompe con cualquier esquema: se entrena y juega con varones. Le encanta atajar penales. Gastó sus ahorros en un par de botines.

15 de octubre de 2015 a las 10:16 a. m.
La reina de los tres palos
Pone las manos. Carla no se esconde y ataja todo lo que sus rivales varones le tiran al arco.

El cosquilleo en la panza se torna insoportable. La sudoración en las manos aumenta a cada segundo. El último paso termina con el pisotón del botín de enfrente y, mientras clausura el tradicional ritual, anuncia el clímax del nerviosismo entre los que están sentados alrededor de los dos seleccionadores. El flaco alto acaba de ganar y, como corresponde al reglamento del siempre vigente "pan y queso", tiene derecho a elegir primero a uno de sus compañeros de equipo. "Carla", dice, sin dudarlo, y murmura: "El arco ya está. Ahora…".Sí. Carla: mujer, ocho años, sonrisa de oreja a oreja, heroína, perspicaz, lúcida, valiente y flamante arquera de la división 2006/07 de Las Liebres, elenco en el que comparte plantel con todos varones y ataja, los fines de semana, los pelotazos que le tiran chicos del sexo opuesto.

“Hace dos meses que juega. Cuando la traje, pensé que iba a haber nenas, mujeres, pero no había. Entonces empezó a jugar con chicas adolescentes. Hasta que un día, un profe estaba dándole clases a los arqueros, y ella lo miró y le dijo: \'¿Puedo entrar?\'. La miraron como diciendo \'¿qué vas a hacer vos?\'. Entró y, cuando terminó la clase, el profe me dijo que la quería en el equipo de varones. Y así arrancó, siendo la única mujer”, cuenta Ana, mamá de Carla Di Rienzo, y encargada de llevarla a los entrenamientos los miércoles y los viernes.

En tiempos en los que se reclama con más fuerza que nunca que la mujer ocupe, de una buena vez, el mismo lugar que tiene el hombre en la sociedad, el fútbol da el primer paso y se postula como ejemplo a imitar. Carla pateó el tablero y exigió su puesto debajo de los tres palos hasta que lo consiguió.

-Como mamá, ¿no te daba miedo que tu hija quiera jugar contra varones?

-¡Vergüenza me daba! (risas). ¿Sabés lo que es que tu nena la única mujer entre todos nenes? El otro día, fuimos a un torneo y eran 200 varones y ella. “Mirá la nena”, decían todos. Pero no, no me da miedo. Al principio, tenía temor porque no sabía si al resto de los papás les iba a molestar que jugara una chica. Pero después vi que no, que nada que ver. A los ocho años, no hay diferencias físicas entre varones y nenas. Y ella tiene una actitud… No le tiene miedo a nada.

Se planta

Va y viene sin parar. Da órdenes, a los gritos, mientras rompe en carcajadas. Su presencia se adivina a varios metros de donde se entrenan ella y sus compañeros de equipo. Extrovertida, líder y dueña de un carisma único, a la joven guardameta no la amedrentan con facilidad.

“Me da igual jugar contra grandes y chicos. No le tengo miedo a eso, ni a la pelota. Me gusta jugar contra varones, no me asusta”, asegura Carla, que con sus ahorros invirtió en un calzado que le da felicidad: “A los botines me los compré con mis ahorros. Junté plata unos cuantos meses en una cartera medio billetera y así llegué a comprarme los que quería”.

Dice que quiere jugar al vóley y al hándbol. Probó suerte en el pingpong y no le fue nada mal: con apenas un año de práctica, participó en un torneo argentino -en el que, otra vez, fue la única mujer- y terminó en el cuarto lugar. Pero, con el fútbol, se encendió una llama que está al rojo vivo.

“Cuando no tiene partido, llora. Cuando la sacan del arco, se re enoja. Sale a la calle y, en la plaza, busca a cualquiera para jugar. Está aburrida y, desde mi teléfono, manda mensajes al grupo de Whatsapp de mamás del barrio y pregunta si están las chicas para jugar al fútbol”, indica Ana, que explica por qué el fútbol es tan bueno para su hija: “Le da a los chicos velocidad, reacción, fuerza, el sentido del trabajo en equipo. Es bárbaro”.

“Chau. Me voy a atajar los penales”, se despide Carla y sale corriendo, convocada por el momento de mayor éxtasis para cualquier arquero. Y así, entre decenas de chicos que le patean con la misma pimienta con que lo hacen cuando quien ataja es un varón, se tira abajo y adivina la intención del pateador, que quiere hacer un gol y no puede porque en el arco está Carla, la heroína que rompe con cualquier estructura.